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Archivos de la categoría ‘Colegio Alcazarén’

UN CHISTE SOBRE ‘SAN’ JOSEMARÍA ESCRIVÁ MUY CONTADO EN AMBIENTES ECLESIÁSTICOS

Publicado por opusvalladolid en Junio 11, 2008

 

Se sabe que las tres condiciones para la canonización son:

1- existencia real.

2- algún milagro realizado por la intercesión del candidato.

3- santidad de vida.

También se sabe que hay excepciones para cada regla:

1- No está absolutamente probada la existencia histórica del indio Juan Diego.

2- San Felipe de Neri fue canonizado sin mediar milagro.

3- “San” Josemaría fue canonizado sin la “santidad de vida”.

 

***

VER TAMBIÉN:

 
- Un chiste muy bueno sobre el Opus Dei

- Un chiste sobre el gran pecado de soberbia del Opus Dei: “Padre Nuestro…”, por GALLEGO & REY

Publicado en Anti Opus, Anti Opus Dei, Antiopus, Chiste Opus Dei, Cifras Opus Dei, Club Alaiz, Club Alarcos, Club Alcorce, Club Alcotan, Club Almedina, Club Altamira, Club Amura, Club Atazar, Club Azarbe, Club Balandrau, Club Codaste, Club Collvert, Club Cyara, Club Dardo, Club Doira, Club Escora, Club Filabres, Club Forque, Club Guayre, Club Indar, Club Irati, Club Jara, Club Juvenil Alcotan, Club La Caleta, Club Lantegui, Club Lendel, Club Llambria, Club Maestranza, Club Maynagua, Club Mizar, Club Moreres, Club Nerpio, Club Neveros, Club Niara, Club Padua, Club Palomeras, Club Pinar, Club Prados, Club Quintana, Club Salces, Club Tarfía, Club Tempir, Club Torcal, Club Trechel, Club Txindoki, Club Ucanca, Club Valderribas, Club Viana, Colegio Alcazarén, Colegio Mayor La Estila, Colegio Mayor Los Arces, Colegio Mayor Moncloa Madrid, Colegio Mayor Zurbaran Madrid, Datos Opus Dei | Deja un Comentario »

DESGARRADOR TESTIMONIO DE UNA MENOR DE EDAD EX NUMERARIA AUXILIAR DEL OPUS DEI

Publicado por opusvalladolid en Febrero 10, 2008

4 años como numeraria auxiliar4 años en el Opus Dei como numeraria auxiliar

Amapola – 29.9.2004
Imagen: Salvador Dalí, “Muchacha en la ventana”.

Cuando cumplí 14 años (justo cuando empezaba a entender lo que se me enseñaba, cuando prestaba atención, cuando no me costaba trabajo asistir a la escuela), mis padres decidieron, por mí, que debía dejar de estudiar y me colocaron en una tienda de ropa y otros artículos.

Un día, cuando llevaba nueve meses en ese establecimiento, la cajera me envió a un banco cercano, como otras muchas veces, a conseguir cambio monetario. Fue allí donde me encontré a F. U., una vecina mía, un año menor que yo, que me contó que se iba a Barcelona, pues la directora de la escuela donde habíamos estudiado le había conseguido un lugar donde, por limpiar la residencia de unas señoritas, le darían estudios…

LEER TESTIMONIO DE ‘AMAPOLA’

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EL OPUS DEI, INVESTIGADO POR ROMA: Benedicto XVI ordena a dos visitadores canónicos examinar la Prelatura

Publicado por opusvalladolid en Enero 21, 2008

Fuente: RD Religión Digital Lunes, 21 de enero 2008

¿Se acabó la buena estrella de la Obra en Roma? Según informaciones fiables, la Santa Sede ha decidido abrir una investigación sobre la naturaleza y actividades del Opus Dei, meses después de que fueran investigados los Legionarios de Cristo, cuyo Fundador y Presidente, el padre Maciel, fuese apartado de su cargo y recriminado por sus conocidas actividades pederastas.  La investigación sobre el Opus, conocida eclesiásticamente como visita canónica, será realizada por dos visitadores, uno italiano y otro español.

En bastantes ocasiones, el Opus ha sido criticado, dentro y fuera de la Iglesia, por su extremado secretismo, sus actividades proselitistas con menores de edad, y sus peculiares formas de confundir la dirección espiritual con la confesión sacramental, entre otros cargos. En Roma, se especula que la visita canónica vaticana tiene que ver con estas y otras actividades “sospechosas”.

La peculiar estructura canónica del Opus, su carácter de Prelatura personal, le permite no dar explicaciones a los obispos territoriales sino directamente al Papa. Ello ha hecho posible que los directivos de la institución hayan podido gozar de una libertad ilimitada en la conducción de sus negocios, en virtud de las buenas relaciones que sostenían con el anterior Papa.

Es conocido como el Opus fue utilizado por el Papa Juan Pablo II en sus dos grandes operaciones: la desactivación del Concilio Vaticano II y la transformación política de los países comunistas. De hecho, el Opus Dei estuvo bastante implicado en la ayuda económica que recibió de Roma el Sindicato polaco Solidaridad.

Pero el Papa actual, aunque también conservador, no tiene particulares lazos de amistad con el Opus y se caracteriza por una preocupación notable por la disciplina eclesiástica, en todas sus esferas. La crítica al Opus, interna y externa a la Iglesia, ha sido constante y una de sus expresiones fue la carta entregada al Vaticano suscrita por medio centenar de exsocios hace un año. Ahora, el Vaticano investiga a la Obra.

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La Santa Sede decide abrir una investigación sobre la naturaleza y actividades del Opus Dei

Publicado por opusvalladolid en Enero 21, 2008

 visita canonica vaticano opus dei investigacion

Por Alberto Moncada

MADRIDPRESS.COM

Según informaciones fiables, la Santa Sede ha decidido abrir una investigación sobre la naturaleza y actividades del Opus Dei, meses después de que fueran investigados los Legionarios de Cristo, cuyo Fundador y Presidente, el padre Mercier, fue apartado de su cargo y recriminado por sus conocidas actividades pederastas.

La investigación sobre el Opus, conocida como Visita canónica, será realizada por dos Visitadores, uno italiano y otro español. En bastantes ocasiones, el Opus ha sido criticado, dentro y fuera de la Iglesia, por su extremado secretismo, sus actividades proselitistas con menores de edad, y sus peculiares formas de confundir la dirección espiritual con la confesión sacramental., entre otros cargos.

La peculiar estructura canónica del Opus, su carácter de Prelatura personal, le permite no dar explicaciones a los obispos territoriales sino directamente al Papa. Ello ha hecho posible que los directivos de la institución hayan podido gozar de una libertad ilimitada en la conducción de sus negocios, en virtud de las buenas relaciones que sostenían con el anterior Papa. Es conocido como el Opus fue utilizado por el Papa polaco en sus dos grandes operaciones, la liquidación del Concilio Vaticano II y la transformación política de los países comunistas. De hecho, el Opus estuvo bastante implicado en la ayuda económica que recibió de Roma el Sindicato polaco Solidaridad.

Pero el Papa actual, aunque también conservador, no tiene particulares lazos de amistad con el Opus y se caracteriza por una preocupación notable por la disciplina eclesiástica, en todas sus esferas.

La crítica al Opus, interna y externa a la Iglesia, ha sido constante y una de sus expresiones fue la carta entregada al Vaticano suscrita por un centenar de ex socios hace un año.

Esta carta y otras críticas similares están recogidas en la página web: www.opuslibros.org que se ha convertido en un Foro público de discusiones sobre la institución, protagonizada principalmente por miembros y exmiembros de ella, hecha posible gracias a las facilidades que permite Internet.

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 Ver también el artículo:

Benedicto XVI es consciente de errores teológicos en el Opus Dei

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Contradicciones en los colegios del Opus Dei, los hijos y la vocacion… (por Satur, ex numerario)

Publicado por opusvalladolid en Diciembre 25, 2007

Artículo publicado originalmente en Opuslibros.org

satur. contradicciones en los colegios del opus dei

Satur, numerario del Opus Dei durante 27 años.

Estuve veinte años dedicado profesionalmente a colegios del opus -obras corporativas y Fomento (la distinción entre obras corporativas y personales da para una tesis) y Labores Personales (que no son del opus Dei, aunque sí son, pero no, o sea (como Covadonga) que de algún modo se podría decir que sí, aunque no de suyo)…

En los colegios las contradicciones son tan variadas, y abarcan tantos campos, que no resulta fácil distinguirlas y simplificarlas. Lamento tener que poner ejemplos, pero así resulta más plástico y, qué caramba, más divertido.

Hay mucho supernumerario/a, -¡ojalá se atrevieran a explayarse aquí en lugar de ir rajando en paradas de autobús!-, que matriculan emocionados a sus niños Josemaría, Montse, Alvaro, Isidoro, Javier… y que a los catorce años y medio les pitan, y siguen emocionados, dando sinceras gracias a Dios por el don de la vocación. Tres años después muchos de ellos sufren el desengaño de comprobar que sus hijos, que tan felices se prometían en su futuro, y ante una dejación de sus derechos de padres al club de turno, regresan al hogar desorientados, defraudados, cuando no enfermos…Y es que está en la configuración del opus el proselitismo con los hijos de supernumerarios, con cualquier familia, pero especialmente con los de los suyos. A cualquier precio, sin mirar idoneidades ni prudentes esperas. Van a saco. Yo fui a saco, espoleado por el de San Rafael de turno, normalmente un Prelatureitor más del opus que la cruz de palo… de esos que si les besas tienes 500 días de indulgencia, por lo menos.

El profesorado de “casa”, algunos bastantes, con los años se amojama, raja cosa mala, y son auténticas rémoras en el casco de esos colegios. Supernumerarios, agregados y numerarios que no saben dónde ir, defraudados, quemados, que mejor no preguntar a qué dedican el tiempo libre, porque es para llorar. Mucha miseria, mucho peloteo, y miedo a cambiar, a gritar. Como el amor en San Pablo, lo soportan todo.

Iluminados en puestos de dirección, que proponen nuevos planes, nuevos modos (buscando lo mismo), que sin consultar la tradición de sus mayores, despreciándolos y teniéndolos por necios, los aparcan, ningunean e ignoran; tipos realmente peligrosos porque se juntan la falta de luces, con entusiasmos inmaduros, infantilizados, pelín milagreros, fanáticos de pata negra que enhuertan a miles de profesores, familias, sin temblarles el pulso.

En el tiempo que yo estuve vi cambios pedagógicos apostólicos que daban vergüenza ajena. Lo dije, y así me fue: el chico está mal. Asistí, era directivo en un colegio, a una sesión en Madrid para temas de Preceptuación y Orientación que fue como escuchar al guionista de las señales horarias de Radio Nacional de España durante dos horas. ¡¡¡ Alucinante!!!: ¿cómo se puede confiar en gente que el último niño que ha visto fue a su hermanito?. ¿Cómo se atreve una señorita a hablar con una seriedad pasmosa sobre sexualidad y relaciones matrimoniales, cuando no ha visto, ni olido el amor sexuado, el beso, el abrazo, las broncas, las reconciliaciones, la locura apasionada donde vale todo porque uno/a no está para sermones?. Si dices “pene” y cree que quieres cantar “Fieles vale la pena”, pero en portugués… ¿Cómo se puede poner por escrito un criterio a todos los colegios del opus, Fomento o Corporativos, diciendo que si viene una madre sola a la tutoría no le puede recibir el tutor a solas (ni con la puerta abierta – criterio anterior), sino que irá acompañado de otro profesor (por supuesto los dos juntos, los tres, y la puerta abierta, no vaya a ser que se monte un trío allí del patín de la baraja).

Y, claro, ese criterio no lo sigue ni Víctor García Hoz… aunque seguro que algunos habrán que lo hagan ante el pasmo de la pobre madre, con once hijos, el marido trabajando, que asiste a la preceptoría del último chalval (Juanpablojavierín)…

La interferencia de la prelatura en los colegios es total; hasta tal punto que los cambios, también en Fomento, son promovidos la mayoría de las ocasiones por las delegaciones del opus o por la Comisión de España. ¿Los motivos?, muchos; basta que uno deje de ser “proselitista”, o que se haga caso a los miles de chivateos y faltas de discreción o, lo que es más grave, se haga uso de las confidencias y confesiones que se conocen en los centros y que se hacen saber por informes a las delegaciones, para que una persona, sin saber ni entender nadie el porqué, sea destituido de su cargo, o de su condición de profesor. Hay caso patéticos y ridículos. Conozco un alto cargo que dirigía varios colegios , fue cesado fulminantemente por calumnias propaladas desde esa dirección a la Comisión por su trato confiado con alguna secretaria (supernumeraria ella), “que si iba mucho al despacho”,” que si dedicaba demasiado tiempo a ese departamento”,” que si ella le tenía hipnotizado”… total, tanto fueron con la murga a Comisión que al chico, que estaba muy lejos de semejantes confianzas, le cesaron y le enviaron a una fundación “para que tuviera algo que hacer por las mañanas mientras la administración limpiaba el centro” (textual de un supernumerario enriquecido por el cambio).

Hace un año en un colegio de mi ciudad una numeraria fue echada después de 23 años en él, y nadie se explicaba los motivos (es más, hubo una movida de padres, de alumnas y de profesoras, por no entender qué razones había)… a mí me explicaron una, que aquí no escribiré, pero el motivo venía desde el centro de la numeraria, vía delegación, y era un caso de conciencia, nada público ni escandaloso. En su ingenuidad el opus pensó que la numeraria tragaría e iría a otra ciudad y a otro centro (ella tampoco sabía los motivos, fue la primera sorprendida), pero, naranjas de la china, se piró y el portazo sonó como un signo de interrogación…

Se presiona a los colegios para que trabajen como becarios, o no, numerarios de los clubes. Da igual si son idóneos o no, si van a dedicarse en el futuro a la Enseñanza, eso es lo de menos. Hay casos de risa, porque son chavales que van destroyer total, y las arman del treinta y tres. Estos van sólo y exclusivamente a por socios para el club y pitables; da igual si perseveran o no: sólo el número.

A los profesores “no de casa” los tienen martirizados con charlas al principio de curso, a mitad y al final donde parece que lo más importante es que hagan la visita y saluden al Santísimo al llegar y al marchar del colegio. La verdad es que la mayoría pasa, y el pelota, sobretodo si está contrato indefinido, a partir de mayo se torna especialmente piadoso y sensible a las mociones del Espíritu Santo en su alma. En principio no se cuenta con ellos para tutores, pero hay colegios que no les queda más remedio que aceptarlos, entonces se producen situaciones de traca. Padres, que saben de qué va, pidiendo a gritos a esos profesores, pues saben que no son del opus y van más lights, profes “no de casa” que no se aclaran y andan intuyendo quien de sus padres es del opus y quien no, y así venden la ‘amoto’ según cómo les va; el prelatureitor que les endilga las familias más petardas y problemáticas para quedarse él las estupendas…

Uno de los asuntos más delirantes en los colegios es la formación espiritual, de la que es responsable directo el opus dei. Es frecuente que se encomiende a sacerdotes numerarios con muy poca experiencia y que van a degüello, con toda la buena fe del mundo, sobre las conciencias de los críos.

No era extraño encontrarte cada año algunos chavales que el sacerdote le había negado la absolución porque no le veía “propósito de la enmienda” en asuntos como la masturbación, o el que, pobrines, veían de vez en cuando películas o revistas porno… Y eso se sabía en todo el colegio. No se me olvida un día que impartiendo una clase llamaron a la puerta y apareció el cura pidiendo que saliera “fulanito”, y el tal fulanito se levanta del asiento y a gritos, en medio de la clase, le dice:¡no hace falta que me llame, ya se lo digo desde aquí: me la he “pelao” cuatro veces!”. Sin comentarios.

También en los colegios atienden la labor espiritual sacerdotes agregados al opus dei, o a la sociedad sacerdotal de la santa cruz (en fin, otro lío que se tienen allá dentro con lo de los agregados de la prelatura y los que son de la santa cruz, que no lo entiende ni Santo Tomás). Pues bien, estos sacerdotes tienen más experiencia pastoral, más sensibilidad, y más respeto por el sigilo… y acaban con el confesionario lleno. No pocas veces eso ha creado celos entre unos con otros. Solución: el numerario se pasea por las clases sacando chavales a destajo, cuando quiere y a la hora que quiere (y cuidadín que no dejes salir a alguno) citándolos en el despacho, y el agregado, normalmente, celebra la Misa del colegio, y confiesa a algún curso que está más quemado que Stallone en Acorralado.

Poco a poco a los sacerdotes numerarios les entra, a base de bofetadas, un cierto sentido común, y algo de prudencia, entonces, ¡hala!, a confesar agregadas viudas, y a poner un presbítero Hulk nuevo.

Con el tema de la sexualidad son realmente obsesivos (reconozco que yo en mis primeros años también lo fui, es lo que me enseñaron). Es cierto que Escriva DE BalaguerY (lo de la Y es buenísimo) Albás aconsejaba no hablar de esos temas, pero aunque no se habla, sale por todos los lados ya sea como criterio, como problemática, o como enemigo a batir. Hasta tal punto que preguntas que ahora me costaría hacer, se hacían con una facilidad pasmosa. Incluso a críos que lo de “masturbarse” le sonaba a apellido de malo de película de James Bond.

La verdad es que hay mucho cura numerario que acaba mal de la azotea, y es normal, si se tiene en cuenta que se hacen sacerdotes no por vocación, sino por necesidades de la opus, porque se lo pide el prelado; claro que se pueden negar, pero se conocen pocos. Y el tiempo, la vida que llevan, la cantidad de criterios que deben vivir, las bendiciones con el Santísimo que han de impartir, los huertos que deben de atender, el escuchar insulsas confesiones de los de dentro (he retrasado tal norma, omití tal otra… realmente “escandalosas”), y los pecadotes de los de fuera… junto con unas direcciones de almas pobres y repetitivas, dejan huella en la psiqué de un modo patético y, a veces, dramático. Al final, depre, y allí me las den todas, ¡que arreé otro!.

Las convivencias de los colegios son para escribir un libro tipo “Si Popeye y Olivia no mantienen relaciones, ¿de donde sale Cocoliso y por que se parece tanto a ambos? ¿Cómo un tipo como Brutus se pirra tanto por una raspa como Olivia? ¿Cómo puede Olivia ser tan rematadamente fea y trabajar en televisión? ¿Por que la policía no detiene al que le pasa las espinacas a Popeye siendo su efecto de sobra conocido? ¿Son en realidad espinacas?… o son psicodrópicos?”… Lo más de lo más.

Lo cierto es que, en general lo pasas muy bien, pues te deshacías en miles de ideas, cada una de lo más original, para rellenar el tiempo entre meditaciones, Misas, rosarios, oraciones y, lo más difícil, pasar las tertulias. Las tertulias en sí mismas es todo un género. Lo habitual era invitar a alguien a que contara su vida. Había de todo, como el anuncio de Cocacola: el director de sanrafael que te endilgaba los últimos favores de Escriba DE (lo de DE es también muy bueno) Y (no se lo pierdan lo de la Y) Albás… algunos tan peregrinos como aquel que perdió la medallita en la playa y al día siguiente fue con la estampa, y ¡pataplan!: la medallita. Y el dire añade emocionado “luego dirán que Dios no existe”.

También estaba el simpático de turno que te contaba su vida y milagros -no sé cuantas novias, aventuras portentosas, chistes y canciones- y pasabas unas horas full; o el que inventaba -cada año era invitado y, claro, pensabas que ya te conocías todas sus historias-, hasta la locura: era famoso uno que si le decías que había un chaval a punto de pitar y que sus padres estaban separados llegaba el tío y contaba lo que le costó hacerse a él del opus por que sus padres se acababan de separar y patatín patatán…

Había auténticos especialistas en remover corazones y levantar entusiasmos. recuerdo uno en una conivencia del UNIV en Roma, vivía en Bruno Buozzi, que nos pidió que le montaramos una tertulia de pitables de varias delegaciones en Buozzi. Así lo hicimos. Inolvidable. Tenía al lado al de sanrafael de una delegación que parecía haberse duchado con tipex al escuchar aquella bestia: “a mí cuando me dicen “opusino”, pues me giro y digo “¡¡¡me tocas pepino!!!! (y se levantaba el tío y se daba un zanjazo con la mano en su pepino)…” ¡porque yo soy potente!, ¡sí señor, soy potente. Y si me he hecho del opus dei no es porque no pueda follar, sino por amor, “porque sí que puedo follar… ¡joder si puedo!”. Aquella tertulia fue apoteósica porque a los chavales esas cosas les pone que no veas.

“Y para tener vocación no hace falta saber si la tienes o no, basta que se lo pidas a Dios hoy, ¡¡¡hoyyy y aquí, en el oratorio de aquí!!!, y Dios te la da, porque Dios no es tonto, es la Suma Inteligencia, y te dará vocación aunque no la tengas” (textual). La versión de la fundación del opusdei merece la pena que la recoja Pilar Urbano: “estaba Dios en el cielo y vio a los putos humanos que estaban más perdidos que ná y dijo “voy a hacer el opus dei”, y cogió a nuestro Padre y se lo insufló” (textual). Total, salieron de allí un buen puñado de vocaciones al opus que, por supuesto, días después, ya en sus ciudades, pincharon todas y nos las tuvimos que comer con patatas por culpa de aquel desequilibrado.

En las tertulias se crean auténticos mitos dentro del opus, leyendas vivas, que no sabes qué es verdad y qué es mentira, y corren de boca en boca como los relatos medievales. Están los intrépidos, los muy inteligentes y sagaces, los superapostólicos de patanegra que van provocando conversiones como el carro de Manolo (“donde quiera que voyyyyy”), los que eran muy malos muy malos y ahora son muy buenos muy buenos, los que eran muy ricos y con novia guapííísima y lo dejaron todo por el opus, los payasos… En fin, ya digo, como el anuncio de Cocacola…

Trato a las familias

Otro asunto: el diferente trato a las “diferentes” familias que llevan sus hijos a los colegios. Recuerdo que se puso de moda durante varios años unas fichas donde había que rellenar datos de padres VIPS de los colegios. Había algunos directores con auténtica obsesión no sólo por pillar al crack de cada curso, sino que si la familia llevaba un DE y una Y en los apellidos, entonces, se deshacían. A esas familias se les invitaba, se les jaleaba, no se paraba hasta introducirse en su casa con cualquier excusa… Ejemplos podría contar muchos, algunos tan ridículos como el director de calesa y palio que montó un comedor pequeñito y cuqui para ir invitando a matrimonios “one”, haciendo que una pobre chica que atendía el comedor de los alumnos les sirviera en plan “Retorno a Briedshead”.

Ése, y he de reconocer que yo también (a fuer de ser sincero), cuando venía a tutoría una mamá tipo C (una panadera del pueblo más cercano, de cincuenta años, un metro cincuenta, gordita y que cuando habla dice “asín”, o “me le suposo”) le duraban dos minutos, pero cuando aparecía por allí Lady Rochester de Lâncome, aunque no fuera de tutoría, se deshacía en halagos, risitas, cumplidos y remilgos (yo, la verdad, lo de besar la mano ya me parecía exagerado). Y, como el de la canción, se le hacían las diez, y las once…

Y es que no te das cuenta, hasta que te vas, de que poco a poco vas cayendo en un mundo donde hay muy poco amor y mucha tontería. Los agregados saben mucho de esas faltas de caridad con respecto a su posible estatus social, económico o cultural.

Es normal que, pasado el tiempo, muchas de esas familias top- ten acaben quemadas con el colegio… sobretodo si los hijos tienen problemas de estudios/carácter. No hace mucho me pararon por la calle unos padres de esos que hace dos años montaban unos saraos en su chalet para los directores del colegio, y algún profesor, y hoy los sacan de mala manera porque a uno de los hijos le hacían repetir. Lo que más les duele, dicen, “la cantidad de horas que hemos dedicado (se equivocan, las horas se las han dedicado los directivos para conseguir lo que querían), y la cantidad de donativos que nos han sacado (¡exacto: por eso les dedicaban tantas horas!)”

Hay una platina de clasismo, incluso en las obras corporativas de agregados; y es que en el seno del espíritu del opus se forma en una politesse algo rancia y pasada; los centros están decorados según los gustos del fundador, parecen todos medidos por el mismo patrón: visitas uno, y ya has visto todos.

satur. contradicciones colegios opus dei Anécdota simpatiquilla: recuerdo que se puso en muchos centros una afoto de Escriva De Balaguer Y Albás de joven, en el banco de un parque, con su hermano Santiago sobre el banco, y vestido, el fundador, con un sombrero así como muy chulimangui, y un traje pelín curioso.

Yo solía recibir las charlas de los supernumerarios de mi grupo en la sala del centro donde estaba esa fotografía, pues bien, un día , uno de ellos me dice que tiene una curiosidad, pero que le daba vergüenza preguntarla. Yo le miré con cara de San Juan Bosco dando caramelitos a sus poverellos, y le animé a que preguntara, además ese hombre llevaba en el opus como 25 años… y va el tío, todo coloradote, y señalando la afoto, me pregunta “he visto que se pone la foto de Harold Lloyd en muchos centros, ¿porqué?”. Verídico: ¡¡¡preguntó totalmente en serio que hacíe la foto de HAROLD LLOYD, no se lo pierdan, en los centros del opus dei!!! Pobrín, 25 años preguntándose qué narices pintaba Harold Lloy con el opus dei,y dónde coincidirían Chema y Harold , la impronta que Harold dejó en Chema para que pusiera una foto suya en todos los centros y para siempre.

Le despejé la duda lo mejor que supe: le dije que nuestro padre amaba las películas de Harold por su alegría sencilla y limpia tan propia de nuestro espíritu y que, en agradecimiento a tantos buenos ratos viendo sus películas en los tiempos duros de Roma, decidió, para que recordáramos esa alegría descomplicada, que una foto de él estuviera en todos los centros.
Y el tío tan contento.

Motivos para llevar a los hijos a los colegios del Opus

Uno de los asuntos más asombrosos – desde el punto de vista “institucional”- es la cantidad de matrimonios que llevan a sus hijos a los colegios por un motivo absolutamente anecdóticos: está cerca, tiene nivel social – económico, viste… en fin, que se presume, se pisa moqueta. Para nada se elige el colegio por motivos de sintonía ideológica. Esto tarde o temprano acarrea problemas en la vida misma, y no pequeños. Porque, claro, el colegio y sus prelatureitors van por un lado, y bastantes familias van por otro.

Anécdotas a patadas: recuerdo una conferencia de un crack de Madrid donde habló, así como de pasada (pero pensando que allí todo el mundo estaba en “sintonía”) de hacer que los hijos fueran piadosos, y no se le ocurre otro ejemplo que el del niño con padres separados que reza por sus “papás” para que vuelven a estar juntos ¡¡¡La que se armó allá!!!.

Y es que en hay mucho experto con consejos más estrechos que el código de barras de Mundo Cristiano, incapaces de entender la vida misma (hay muchos del opus que piena que la gente se separa sin dolor, sin sufrimiento, por puro egoísmo)… y que toda la clientela de Fomento, o de cualquier obra corporativa, piensan igual que ellos.

En cada colegio hay unos cuantos, normalmente agregados o numerarios, que montan sus numeritos. Uno le armó una bronca a un chaval porque se rió en el “Angelus” y le gritó como un poseso: ¡¡¡DE MI MADRE NO SE RÍE NADIE!!!. Y va y le mete un castigo tipo Vietcong para que se enterara. También está el que cree que los hijos de los demás son sus hijos y se mete a dar unos consejos que ni Jiménez del Oso en sus buenos tiempos… Y es que son incapaces de meterse en la piel del otro.

¡Es todo tan contradictorio!: no son pocos los padres -ya hablaremos de los “ex” que llevan a sus hijos a colegios del opus sin estar de acuerdo y sabiendo donde se meten-, que aconsejan a sus hijos no hacer ni caso de los que les cuente el cura, o en la clase de Religión, o el tutor cuando le pregunta por la “pureza”… Al final, el que paga es el hijo/a, porque nada de esto quita que los críos tengan simpatía por sus profesores. Prefieren, los padres, ir “presumiendo con que mi hijo va a tal colegio” que las consecuencias de esa educación. Y la propia contradicción del opus que acepta esos clientes, conociendo su posición, por puros motivos económicos.

En Granada, el prelado se enfadó hace tres años, y le doy toda la razón, porque los colegios de la zona (Marbella incluida) eran un vivero de pijos con familias muy lejanas a lo que se suponía tenía que ser un colegio de esos; pagaban un pastón, hacían lo que les petaba, se pasaban por el arco del triunfo el espíritu del opus, y lo que fuera. Se enfadaba porque, decía, no hay derecho que supernumerarios sin posibilidades económicas para pagar esos colegios, o cooperadores, se les negara una mínima beca que les facilitara el ingreso en unos colegios que, ellos sí, entendían… Pero ¿¿¿quién lo entiende???: si son ellos, los del opus (prelado incluido), profesores y dirección, los que han llevado a sus colegios, educación, estilo, posición, etc, a ese callejón. Si hasta te encuentras gente de posición social media- baja (normalmente supernumerarios) que va por encima de sus posibilidades sólo por aparentar y que sus hijos no queden en ridículo delante de los demás de su aula.

En fin, todo patético, contradictorio, y falso.

Curiosos padres

Una especie muy curiosa en los colegios son las familias formadas por ex numerarios/as, ex agregados/as… para darles de comer a parte. Se dice que la vida es como un jardín botánico donde de unas plantas admiras sus colores, de otras su perfume, de aquellas su extraña belleza, de las de más allá su figura, incluso las hay que te sorprenden de los raras que son; pues eso.

Clasificación (por orden de portentosa rareza). Se agruparan los ex en un ente de razón que denominaremos ex nugregados, porque si no, nos perdemos en la frondosidad de variables; perderemos profundidad científica, pues no es lo mismo ser numerario/a que agregado/a -y a su vez no es lo mismo ser de la sección de varones que de la de mujeres-, pero ganaremos en sencillez de exposición.

No se cuentan ex numerarias auxiliares porque en 27 años no conocí ninguna que fuera madre de un colegio en los que yo trabaje.

a) Ex nugregado/a casado con ex nugregado/a y que son supernumerarios. Consejos a profesores: ojo, pestaña, que la vista engaña. Si los niños son majetes, no problem; si son de esos de “es listo, lo que pasa es que no se esfuerza”, tiembla. Termineitor a su lado es una profesora de Kindergarden en P-1. Son críticos con la posible vocación de sus hijos, saben del colegio más que nadie, y del opus ni cuento: cofundadores a nivel del “Sotanillo”. Frase que repiten mucho: ¡¡¡Ay si quién yo me sé levantara la cabeza!!!. (“Quién ellos saben” es quien sabemos todos…!!! y que no levante la cabeza!!!). Amenazan mucho con ir a la Delegación, incluso a Comisión… en circunstancias muy dramáticas apelan al mismísimo Echeve que les recibió una vez en no se sabe donde y tienen afoto y todo.

Situación económica: o muy forrados, o sin un duro. Todos llevan la Monovolumen Voiyaguer (conocida en los concesionarios como la Balaguer).

b) Ex nugregado/a casado con supernumerario/a. Si ella es la supernumeraria, el tipo “ex” pinta más bien poco. Acomodaticio y panfilín. Buen chico. Si él es supernumerario la “ex” suele parecerse al tipo A. Pero al estar sola suele ser más agresiva cuando se enfada. También cofundadora tipo Paso de los Pirineos. La “ex”, cuando se pone muy chula, cita puntos de Camino, hace correcciones fraternas, recurre a parábolas evangélicas y nombra alguna numeraria que trabaja en Villa Sachetti (lo de Sachetti no es broma, se llama así). Muy crítica con la posible vocación de los hijos. Si ella es supernumeraria, normalmente, están forrados. Si él es el supernumerario, también.

c) Ex nugregado/a casado con ex nugregado/a y que no son supernumerarios. Especie en extinción. Peligro total. No acercarse. Más peligrosos que Espinete en una fábrica de globos. Se queman muy pronto; no suelen terminar en el colegio. Bruce Lee a su lado es una postulanta de la Santa Infancia. Estos hacen corecciones fraternas, apelan a la parábola del Buen Pastor de un modo recurrente, amenazan directamente con Echeve, saben más del opus que el mismísimo Escrivá, (ellos fueron, de hecho, los que volteaban las campanas de la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles aquella mañana del 2 de octubre que aún resuenan en mi corazón), van a degüello con el resto de padres y profesores que no están en su honda. Supercríticos con la vocación de sus hijos, los clubes, el colegio, el chófer del autobús, el comedor del colegio, las extraescolares, las fiestas del cole, con la capellanía, las pelis que se proyectan en las salidas culturales… en fin, con el planeta Tierra en general.

Pregunta del millón:¿qué hacen en esos colegios el tipo A, B y C?. ¿Eh?, ¿qué hacen?. Pues no tengo ni idea. Hay quién dice que si es por intereses familiares espúreos (abuelos supenumerarios tipo Gior (un poco de Pasta basta…), otros aducen que si es el síndrome de Estocolmo… Yo, desde luego, no me atrevo a hacer ninguna conjetura, lo que sí digo es que haberlos haylos y al que le toque sufrirlos que sepa que tiene en mí un promotor de su causa de beatificación. Y que siempre le guardaremos un cariño muy especial, aunque sea del opus ese profesor, porque no hay que desear el mal a nadie, sea quien sea. Amén.

Cursos de formación y retiros para padres

En todos los colegios se ofertan cursos de orientación famliar para padres, y también de formación espiritual como los retiros mensuales y los cursos de retiro que, en estos casos, eran por separado.

Los retiros mensuales, al menos esa fue mi experiencia, costaba mucho que salieran adelante y el nivel de “escaqueo” del personal de la prelatura era importante, sobretodo de numerarios y agregados que son los que, teóricamente, atienden el medio de formación. Lo habitual es que allí estuviéramos un jueves al mes de 19.30 h a 22.00 h algún pringadillo, y los padres de siempre (gente, en general, muy maja comprometida y tal y tal). La riqueza de contenidos y de actividades de los retiros mensuales era, por decirlo rápidamente, como una piedra: eterna, sólida, simple, inamovible.

Comenzaba con la lectura espiritual -donde solíamos estar el que leía, uno que preparaba la mesa de meditaciones, y el sacerdote en el confesionario-, y terminaba con la Bendición con el Santísimo y estampida general. Si era en ciudad de provincias podías escuchar la misma meditación hasta cuatro y cinco veces al mes: en tu meditación semanal en el centro; con el mismo sacerdote en el retiro mensual del colegio; con el mismo sacerdote en el retiro mensual de los supernumerarios; con el mismo sacerdote en tu retiro mensual con los del centro y, también con el mismo sacerdote si caía que tu centro atendiera un curso de retiro. Si el sacerdote era un tipo divertido, pues bueno, pero si era un ladrillo…

Anecdotón:

Me tocó atender como director un curso de retiro; como suele ser habitual fuimos solos el sacerdote y yo, y unos veinticinco asistentes. Total, que a media tarde del primer día veo a un pobre hombre que intenta escapar en plan dibujos animados, ya saben, de puntillas y mirando izquierda y derecha entre pasillos. Me crucé con él en el aparcamiento, y le pregunté que porque se escapaba, que podía hacerlo, pero que diera una explicación. El hombre, sudando, jadeando y azorado me contestó:

“Mire, esto no es lo mío; a mi es que me dijo mi jefe, que es del opus, que viniera aquí y que hiciera lo que viera, que me iría muy bien; y, claro, yo aquí veo cosas muy, pero que muy raras. Primero, lo de que no se habla; luego, por la noche, llaman a mi habitación y me pregunta un tipo “si tengo agua bendita”, le contesto que no sé, y le pregunto si no le funciona el grifo del lavabo, y se me echa a reír y me dice “nada, nada, déjalo”. Al día siguiente bajo a la capilla vestido de vaqueros, como llegué el día anterior, y me encuentro a la peña de punta en blanco, con su traje, sus librito, y a mi nadie me dijo nada de trajes… en esto, patapán, se apagan las luces y todos de rodillas a la voz de ya y aparece un cura que con una lámpara, en medio de la oscuridad, empieza a hablar con un careto que asustaba (la verdad es que aquel cura se ponía el flexo casi en la barbilla y parecía la momia de Bety Davis).

“Termina la Misa y hago ademán de salir de la capilla para subir a la habitación y ponerme corbata y américana pero, jolines, allí no se mueve ni Tarzán, y a mitad del pasillo de la capilla me vuelvo a mi sitio. Todos callados. Yo alucinando que no veas y preguntándome cuando acabara eso; y en esto vas tú y dices no se qué de la Virgen María y todos a una contestan “roroporroro”, o algo así. ¿Qué era eso?, ¿una consigna?. Sois muy raros. Me subo a la habitación más agobiado que el fontanero del Titanic, me cambio -mi corbatita, mi americana, mi colonia- y cuando bajo a desayunar, que lo mío me costó encontrar el comedor porque esto es más grande que mi pueblo y es la primera vez que vengo, no hay ni su padre desayunando, se habían ido todos.

“Comienzo a preparar mi tostada y se abre una puerta y aparece una señora de uniforme; la saludo “¡hola, buenos días!”. me mira con cara de Rottermeyer y cierra la puerta sin decir ni mú. Al rato, otra vez que se abre la puerta y aparecen dos señoras de uniforme y yo, pues lo mismo” ¡buenaaaas, que tal!”. Y me dice una “¿podría abandonar que tenemos que pasar a recoger?”, y yo “por mí, recojan, termino enseguida”. “Que no -contesta la novia de Chuki- que se tiene que ir”. Lo dice en un plan, que salí zingando porque esa tenía pinta de denunciarme por acoso.

“Salgo al pasillo, ¡¡¡sorpresa!!!, soy el único que va trajeado. ¿Qué pasa?, pues no lo sé, pero la gente va con vaqueros y en plan desenfadado. Vuelta a la habitación a cambiarme.

“Bajo de nuevo. Todos en silencio.Yo callado también. Y de repente, sin venir a cuento, el del agua bendita de la noche anterior grita al mundo todo ” ¡¡¡¡¡¡ VIVA JESUS SACRAMENTADO!!!!!. Yo pego un bote del treinta y tres, y la gente contesta ¡¡¡VIVA POR SIEMPRE!!!, y se ponen a andar alrededor de un patio, todos en el mismo sentido, diostesalvemaría, diostesalvemaría… ¿cuando iba a terminar?, ni idea, yo allí estaba, en medio del pelotón, dando vueltas hasta que alguien parara aquella locura que parecía no tener fin. Menos mal que la paraste tú, aunque no sé como no lo hiciste antes…”

“Llega la hora de comer y vas y tocas una campanilla – piticlínpiticlín- y llega uno a mi lado y se pone a leer el sólo un libro en voz alta, y allí a nadie le extraña. yo pensé ” ¿porqué lee este tío y no leen más, no sé cada uno su libro, y en silencio?. Yo, después de lo de dar vueltas, ya estaba preparado para todo. Y en esto que llega el tío, que estaba a mi lado leyendo como un desgañitado, y me endosa el libro. Eso ya me parecía demasiado. Me hago el orejas e intento mirar para otro lado, como que no lo veo… ¿Y a quién veo?: a la Novia de Chuki que viene hacia mi con una bandeja. La sonrío. Nada, la señora, plantada a mi lado como una estatua ofreciéndome el primer plato. Me salvó de leer el libro que otro de mi mesa leía con más fuerza. Le digo “gracias”, y vuelvo a sonréir, pero creo que le duraba el mosqueo del desayuno porque no movio un pelo.

“El del libro va y me lo ofrece. Yo no había leído en mi puñetera vida un libro en público, y ese tenía palabros muy raros, ¡hala, a sudar como un cerdo de los nervios!,y la gente partiéndose el pecho de risa con los fallos (la verdad es que tuvo errores descomunales, como aquel que en un Vía Crucis leyó “la ESPALDA de Pedro brilla en la noche”)

En fin, por más que le intenté hacer ver que aquello eran modos normales y tradicionales de la Iglesia, el tío me interrumpía diciendo “que no, que no, que yo me voy de aquí y no paro hasta el jueves de la semana que viene; que sois muy raros”.

La anécdota es real, de retiros hay muchas en este sentido, y tengo para mí que un poco raros sí que éramos.

No siempre los colegios del opus fueron así

No siempre los colegios del opus fueron así. Hay que distinguir obras corporativas (las que sí son, para entendernos, opus opus), y labores personales (las que son, pero no, aunque sí). Las obras corporativas (Gaztelueta, Retamar, Tajamar, Xaloc, Viaró, Altair…), desde el principio buscaron gente muy buena para llevar a cabo un proyecto ambicioso e innovador. Tenían el reto de construir un modelo privado distinto a los tradicionales de la Iglesia y se decantaron por el anglosajón. Se hicieron, según mi modo de ver, muy bien las cosas, asentadas en personas que no venían en su mayoría de la educación. Gente inteligente, entusiasmada, sin más órdenes que una ilusión. Conocí a bastantes de esos primeros que, curiosamente, casi ninguno con el tiempo siguió en el mundo de la educación. Presumo de haber sido formado por ellos; lejos ese estilo del que después se fraguó, en parte por razones económicas, en parte porque ya no se encontraron cabezas dispuestas a seguir la tradición en la enseñanza media y hubo que acogerse a lo que había: una tribu de pedagogos, psicólogos y, en fin, gente de un perfil elemental y acomodaticia con “la voz de su amo”. Las delegaciones, que con el tiempo también bajaron la selección del personal, comenzaron a mangonear en lo que Antonio Ruiz Retegui llama el “estilo”. Y aquello se diluyó en un galimatías difícil de explicar.

Lo de Fomento fue peor, porque lo cierto es que las obras corporativas aún defienden cara a la galería la profesionalidad, y ese querer hacer las cosas a su manera, pero bien hechas. Fomento es un barco a la deriva que ya sólo le queda cambiar el lema de “Enséñales a navegar” por el de “Fomento no se hunde, Fomento bucea”. Es un barco a la deriva en lo económico -¡y mira que llevan cambios en la alta dirección buscando el buen rumbo!: yo conocí tres directores generales y no sé cuantos directivos de medio pelo, que sin venir a cuento y sin más explicación desaparecían de la noche a la mañana sin decir “oste, ni moste”. Pero claro, antes, cada uno de ellos había montado su peculiar revolución dentro del sistema y, como en toda revolución, se cortaban cabezas, se movían cargos, se cambiaban estilos… Y se dejaban muchos cadáveres en la cuneta. Y a los que se quedaban se les hundían todas las ilusiones, esperanzas y promesas (¡¡¡anda que no se han prometido cosas en la historia de Fomento!!!).

También es un barco a la deriva en proyecto educativo. En cinco años se hicieron todo tipo de experimentos, a un coste altísimo de personal, medios y direcciones medias para implantarlas. Las idearon unos “iluminatis” que se tenían por ser los portadores del anillo luchando contra la Tierra de Mordor, que éramos todos los profesores, alumnos y familias. Los khermers rojos montaron su peculiar guardia de Korps que enviaron a todos los colegios para implantar su proyecto y “asesorar” al personal. El proyecto era una amalgama copiada en parte otros proyectos de E.E.U.U., o de los que Estados Unidos quiso implantar en sociedades educativas de cooperación en Sudamérica, y un sofrito de copias del gobierno interno del opus, de las obras corporativas, y de las mentes aceituneras de sus creadores, bastantes de ellos agregados y supernumerarios (creo que sólo había una numeraria, pero era un papiro del Qunram que merecería un capítulo aparte). Parecía, el proyecto, la piedra filosofal, el rien de rien, la Repoyé de les enfants: se puso todo patas arribas, se implantó sin que nadie entendiera nada, sin que nadie creyera en que el paseo, los rincones del aula, los bits, el programa de ayuda al desarrollo de la inteligencia (ADI) -la ideóloga sí que necesitaba que “alguien” le ayudara a desarrollar su inteligencia, a escuchar, y a no crear expectativas en familias con serios problemas en algunos de sus hijos, dándoles, a un precio del patín de la baraja, unas ilusiones de vendedor de crecepelo que pocas veces se cumplían. Nadie entendía nada, pero el que se movía no salia en la foto, así que la peña se puso a rebufo en el pelotón y lo que fuera fuese.

Los Cursos de Orientación Familiar embarcaron a muchos padres en otro proyecto muy estilo New Wage, New Age, y muy ¡ay, que potito es esto, que bieeeeeeen!!!. Algo entre el lazito y el celofán, con mucho amor vedadedo, mucha adrelanina sentimental, y con dos finalidades: sacar pasta para la editorial que publicaba los libros de apoyo al curso (se nos obligó a comprar esos libros de la colección “Hacer familia” a todos los colegios para lectura obligada de todos los profesores que, por cierto, también debían de hacer un curso de orientación familiar, asegurándoles que sería com un master que les capacitaría para la orientación de los padres en temas educativos, psicológicos, legales, médicos, etc…). Lo que quedó claro, ante el mosqueo del personal, era que había que comprar esos libros por decenas, a cuenta del colegio y de los padres. La otra finalidad era el proselitismo cara a las nuevos padres: un banderín de enganche.

Esos cursos eran demenciales, ideados, curiosamente, por la mente perversa de una especie de Hannibal Lecter que a su vez era del Consejo de Administración de la editorial. El curso de orientación familiar, que duraba una eternidad, y costaba un pasote. Se basaban en la peregrina idea de aplicar la Teoría Z japonuda sobre la organización de empresas a la educación de los hijos. Semejante idea, apoyada en los “instintos guías” y “los períodos sensitivos” (términos que se nombran como la fórmula magistral que no puede fallar jamás), han llenado las consultas de los psiquiatras de este país de padres de Fomento una vez terminado el curso y comprobar que su niño/a es igual de lerdo que antes. Y también que es igual de normal, o de desastre, que el del vecino de urbanización que estudia en los jesuitas, o en las Flageladoras de Alcañiz.

Pero, bueno, “Fomento no se hunde, Fomento bucea”.

Consecuencias de esa formación

Las consecuencias, los resultados de esa educación, de esos modos, y de esa formación -sin pretenderlo- resultan muy pobres y son legión las promociones de inmaduros que vuelan por esos mundos.

No todos son así, pues la familia aporta más de lo que pensamos, pero llama la atención cuantos ex alumnos formados en el opus reniegan de esos modos. Basta comprobar lo que cuesta que lleven a sus hijos a los colegios que les formaron. Llamativo. No son pocos los que se quejan de haber chocado, al llegar a la universidad, con otros mundos que, en su ingenuidad, los tenían como demonizados; descubrir, por ejemplo, que gente sin fe, o sin medios económicos, o con otra manera de pensar, es bastante más mejor que ellos en virtudes como el compañerismo, el dominio de sí, la fidelidad, la seguridad en sus criterios o el trato con su familia o amigos.

El espíritu que anima esa formación se basa en la santificación del trabajo ordinario según un sentido cristiano de la vida. Resulta muy atractivo; pero en sí mismo ese espíritu, si se enfoca mal -y sí se enfoca mal- puede crear mentalidades calvinistas. Ya se sabe que el calvinismo tiene en su seno el sentido de predestinación, de elegidos, y la mayor prueba de predestinación es el triunfo económico, el reconocimiento social. Así sucede en muchos alumnos de esos colegios, y en sus familias: se tienen como elegidos para la gloria, algo distinto, personas con muy poca sensibilidad social, con cierta acritud y engreimiento a la hora de juzgar otras mentalidades, otras culturas, otras economías familiares. Son muy clasistas.

Dicen, los del opus, que son pobres (y lo dicen sin ningún pudor, o sea, sin ponerse colorados), sin embargo, no sólo viven en sus centros como auténticos marajás, sino que animan a us chicos en los colegios a actividades muy selectivas, y cuando no lo son, a sitios muy selectivos: si hay que ir a esquiar se irán a Baqueira desde Madrid, o Bilbao, si hay que aprender inglés volarán a E.E.U.U… Inglaterra es para la plebe (ya no digo Irlanda). Todo esto crea una mentalidad muy distante y lejana del mundo real.

Son muchos las familias de nuevos ricos que les encanta apuntarse a esa calesa de distinción, gente con la mentalidad de “donde pago me cago”, con complementos muy superficiales, y muy horteras, y con una mentalidad que acepta muy bien eso de que el trabajo bien hecho y santificado perfecciona al hombre y la sociedad… cuando lo que entienden es por perfección es su cartera. Soy bueno porque soy rico. La vida de esa gente, de los hijos también, tiene algo de porcina.

Se me dirá que actualmente se realizan labores sociales con chicos de esos colegios para despertar su sensibilidad, se pueden dar nombres de varias ONG que so iniciativas de clubs universitarios del opus, o activdades de colegios. No es del todo cierto. La verdad es que el Papa en la beatificación de Josemaría dio un palo más que fuerte a la prelatura para que se hiciera eco de esa falta de sensibildad y se reaccionó en poco tiempo a ese requerimiento, pero los que lo saben, saben que es una patina muy superficial, y algo farisaica.

Otra lacra en la formación que crea hornadas de inmaduros es el subrayar en la educación de la Fe, y de la vida cristiana el “hacer chicos piadosos”. Se insiste mucho en eso. Hasta la saciedad. Se entiende por piadoso un ser humano que saluda al Santísimo al llegar al colegio, que hace la visita al Santísimo después de comer, que dice jaculatorias, que lleva la estampa de Escrivá, o del Portillo, o de Montse, o de Zorzano; piadoso es un chico que asiste con frecuencia a la Santa Misa, o que mira con cariño una imagen de la Virgen que hay en el patio; piadoso es el niño que reza el rosario en el mes de mayo… pero se habla muy poco de virtudes. Es una formación que, a la larga, choca con la vida real, cuando descubren en la univesidad que se ha enamorado de una chica que no es piadosa, que probablemente no va a Misa, pero que le da cien vueltas en eso que se llama virtudes domésticas; o cuando hacen amistad con uno que vive “arrejuntado” con su novia y, encima, saca buenas notas, es buen compañero, y parece feliz (“aunque seguro que no es felíz, porque no puede ser…”). Esto pasa.

Otro charco en la formación: la educación en la sexualidad. Está centrada sólo y exclusivamente en normas morales muy rígidas. No hay parvedad de materia -cuando la Iglesia afirma que hay componentes psicológicos, genéticos, familiares, etc, que atenúan la culpa, e incluso la disculpa-, pero no, para estos tipos la masturbación, o el ver fotos malas en un quiosco, o traer revistas guarras al colegio es un pecado mortal. Un pecado mortal, lo he oído cientos de veces, que es clavar una espina en la cabeza de Jesucristo, darle otra bofetada, matar el alma. No contentos con eso -la verdad es que no caen en la cuenta-, bajan las edades de formación sexual a límites algo atrevidos. Perdida la batalla en los trece, bajaron a los doce, y ahora andan en los diez.

Es una guerra declarada a Internet, que creo que sí hay que hacer, pero basada sólo en rígidas normas, códigos muy estrictos, que no tienen nada que ver con el desarrollo de la afectividad, el conocimiento de quien soy, etc, etc. Corregir estos modos es imposible, hoy por hoy, y sé lo que digo. No hay ni la suficiente libertad de espíritu (alguno por su cuenta la pueda tener), pero desde luego a nivel institucional, imposible.

Yo lo intenté y el director de turno -que es la voz de su amo- te escucha lo mismo lo mismo que la princesa de Kent cuando va a entregar la ensaladera al ganador de Wimbledon y antes charla con las dos filas de recogepelotas con una sonrisa más falsa que que la de Ana Ibargituru cuando dice eso de “¡Hola, corazones!”…

Yo no llevaría a mis hijos

Se podría escribir cienes y cienes de páginas sobre los colegios de la opus; no es fácil: cada colegio es un mundo, y cada persona también. Al que le gusta, pues adelante, y al que no, pues lo mismo. Cada uno tiene sus motivos. Hace tres años celebramos con un matrimonio de supernumerarios el nacimiento de su primer hijo, nos preguntaron en la cena a los dos subdirectores del colegio de esa ciudad si llevaríamos a nuestros hijos al colegio que representábamos, y contestamos sin dudar, los dos, que no.

Yo no les llevaría. Son muchas cosas las que te juegas, y no son tuyas- al fin y al cabo los niños son los protagonistas directos de esa educación. Entonces era numerario… ahora con más motivo.

El problema no son las personas sino la institución. Y puestos a concretar: hay muchísima diferencia entre colegios de ciudades grandes y de provincias. El que lea y sepa lo entiende. El nivel académico es bajo, se contrata muy a la baja, gente con perfiles acomodaticios, con currículums muy pobres. Son pocos los numerarios, agregados y supernumerarios de prestigio que quieran involucrarse en esos colegios -por no decir ninguno. Y se paga caro; los directivos, sobretodo de obras personales, rotan cada dos o tres años, quemados, amargados y con la sensación de haberse jugado con ellos en nombre de “la voluntad de Dios”. Las nuevas direcciones tratan a los padres, a los hijos, y a los profesores, como tontos que no saben nada. Involucran en aventuras sin fundamento a la peña, con ilusiones estúpidas y proyectos de “todo a cien”. Se insiste mucho en la formación espiritual- la suya-, pero el nivel académico es muy, pero que muy bajo. Son colegios con fama de “Lourdes”: allí me curan al hijo tonto, al raro, al difícil. No está mal ese prestigio, si lo consiguen, pero pagan los que llevan desde 1º de primaria a us hijos y ven como se les llena de morralla el aula en 3º, en 6º, en 2º de la ESO, y en BUP. Se crece a base de gente que lo que menos le interesa es el opus… si fuera un colegio Moon sería lo mismo.

El curso que dejé el asunto nos invitaron a visionar un vídeo hecho por profesionales, con actores y tal y tal (un pastón de vídeo), donde se pretendía reflejar la vida en un colegio de Fomento. La idea era proyectarlo en todos los colegios a padres y profesores. El guión era algo muy triste, pensado por gente (sé quién lo ideó) que veía las relaciones personales en blanco y negro: el típico profe de la opus supermajete, que trata a los alumnos en plan preocupándose y con buen rollete, que va de guays con los padres, que tiene afán apostólico… y el típico profe que es un borde, que no tiene ningún interés, que preceptúa en los pasillos… Ignoro si ese vídeo se ha editado. Nos opusimos bastantes, pero el sólo hecho de que se hiciera ya es significativo.

Pero en ese vídeo no se trataba de un tema que a mí me parece fundamental: el bajísimo nivel académico. Al chaval medio de los colegios de fomento le cuesta mucho conseguir centrarse en el mundo universitario.

Bueno, esto es lo que hay.

Quizás fui negativo. Quizás; salvo a las personas, a todas. Hay quien piensa que el opus puede cambiar, lo dudo. Porque donde no hay libertad la peña sólo puede hacer dos cosas: o me busco un trabajo donde el opus no pinte nada (que es lo que hacen los listos), o me aprieto a la ubre de la institución- porque no hay más remedio- y trago con todo.

La pregunta del millón: ¿de verdad alguien sabe lo que es el Opus?. Yo creo que ni los que llevan más años dentro se aclaran. Pero esto es un tema para otro escrito.

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Mis Derechos Humanos más elementales, fueron violados.- Ex numeraria auxiliar

Publicado por opusvalladolid en Diciembre 20, 2007

Mis Derechos Humanos más elementales, fueron violados
Por una ex numeraria auxiliar, Europa
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Versión original en inglés
La traducción al castellano ha sido realizada con la autorización de ODAN
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El siguiente testimonio ha sido escrito por una mujer joven de Europa que experimentó directamente la penosa vida de una numeraria auxiliar del Opus Dei. El Opus Dei recluta mujeres jóvenes de zonas poco favorecidas económicamente, para que dediquen sus vidas a fregar, limpiar y cocinar para los numerarios de los opulosos centros de la obra. Y, además, se les exige una vida célibe con votos de pobreza, castidad y obediencia.

En su libro, “Tras el Umbral: Una Vida en el Opus Dei” (por María del Carmen Tapia, Ediciones B, 1992) Maria del Carmen Tapia dice: “en esto el fundador del Opus Dei era inflexible. Es decir, una sirvienta nunca podía aspirar más que a ser una buena sirvienta…” …”En otros países donde las numerarias y las sirvientas realizan esa labor en las casas de los varones de la prelatura, reciben un sueldo, pero bajísimo, y por supuesto ningún seguro social de ningún tipo. En virtud de la pobreza, esos sueldos van directamente a la caja de la casa donde viven y a las sirvientas no se les entrega dinero alguno porque se supone que, al tener que ir siempre acompañadas de las numerarias son éstas las que pagan los gastos que sean. Naturalmente cuando necesitan ropa o zapatos también se les compra, pero ellas no manejan dinero alguno.”

ODAN y Opuslibros agradecen a la joven que ha compartido el testimonio de sus dificultades. Aplaudimos su coraje al hablar acerca de las realidades de la vida de una numeraria auxiliar.

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Yo fui un miembro del Opus Dei durante siete años. Mi situación dentro del Opus Dei era definida como una “numeraria auxiliar.”

Mi primer contacto con el Opus Dei surgió por un anuncio en la prensa local sobre una escuela de hostelería. Se ofrecía un certificado en administración del hogar y cocina a muchachas jóvenes. Las interesadas tenían que pasar por dos entrevistas, una en su hogar y otra en el centro del Opus Dei. En aquel tiempo había una fuerte recesión económica y mucho desempleo en mi país. A las candidatas se les garantizaban contratos fijos al finalizar el curso de cocina y servicio. Ese cebo influyó en la decisión de mis padres para enviarme a aquella escuela privada. Así que a la edad de 15 años empecé el curso de hostelería.

Cuatro meses más tarde, me convertí en numeraria auxiliar. Fui reclutada de la manera usual. Las asociadas del Opus Dei del centro me consideraban una “líder” y, por consiguiente, tenía muchas posibilidades de influenciar a otras muchachas. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que había una doble intención en lo que hizo que los directores del Opus Dei me diferenciaran de las otras estudiantes. Mi familia tenía un problema particular que yo había discutido con mi “directora” durante las llamadas “confidencias.” No lo supe hasta muchos años después. Ella había comentado mi problema familiar con otras directoras de la obra, por lo que pusieron en acción un plan sofisticado para reclutarme.

Empezaron sugiriendo que rezara por mi familia, luego que me confesara semanalmente, comulgara diariamente y otras cosas. Me dijeron que si seguía la voluntad de Dios, la situación de mi familia mejoraría. Sin enterarme, yo ya tenía vocación; me dijeron que sería infeliz durante el resto de mi vida si no hacía lo que Dios me pedía y que, además, el problema de mi familia empeoraría. Yo estaba aterrorizada cuando “pité” como numeraria auxiliar en Roma durante la conferencia UNIV (la Conferencia UNIV es un evento en Roma promovido anualmente por el Opus Dei durante la Semana Santa. Participantes de todo el mundo son seleccionados para participar en esta conferencia. Típicamente, sólo aquellas personas que están a punto de unirse al Opus Dei son invitados a participar en la conferencia, junto con los numerarios que se esforzarán en que pidan la admisión. Se ejerce una presión tremenda sobre “los candidatos” para que se unan al Opus Dei durante esa semana.)

Cuando regresé a mi país después de la conferencia UNIV, me separaron de las otras estudiantes del curso de hostelería. Censuraban el correo que recibía y enviaba, controlaban mis llamadas telefónicas y revisaban mis pertenencias personales. Tenía que hacer una contabilidad de mis gastos a la directora y entregar el poco dinero que tenía. Lo que más me molestó durante ese tiempo fue cómo el Opus Dei vigilaba y dirigía mi relación con mi familia. Me decían lo que podía y no podía escribir en mis cartas y qué les debía decir cuando hablaba con ellos por teléfono. Siempre había una numeraria al lado cuando mi familia hablaba, y ella siempre me llamaba más tarde aparte para preguntarme sobre lo que había hablado con ellos telefónicamente.

No hay necesidad de decirlo, mi familia ignoraba totalmente el hecho de que me había convertido en un miembro del Opus Dei. La directora me dijo que se lo podía decir una vez el curso terminase.

Mientras tanto, también me dijeron que les mintiese acerca de lo que estaba pasando en mi vida cuando les visitase durante las vacaciones. Después de esas visitas a mi familia, los miembros del Opus Dei me interrogaban acerca del sitio donde había dormido, lo que había conversado y los periódicos que había leído.

Mi familia, lógicamente, notó un gran cambio en mi conducta. Desapareció mi forma de ser alegre y extrovertida. Me volví introvertida y sospechosa de todo.

Cuando el curso iba a terminar, ¡me instruyeron sobre cómo tenía que contarles a mis padres mi decisión inminente de unirme al Opus Dei! Cuando mis padres supieron la decisión que había tomado, se volvieron locos. Mi única respuesta a su infinidad de preguntas fue: “es la voluntad de Dios.”

Apenados y tristes, mis padres dejaron que regresara para presentarme a los exámenes, con la esperanza de que cambiase de opinión. Pero sus deseos no se cumplieron. El Opus Dei me mandó a uno de sus centros con muchas numerarias auxiliares y unas cuantas numerarias para que me ocupase en la administración de casas y residencias de la obra, tanto para las de hombres como para las de mujeres.

Darme cuenta de mi situación como numeraria auxiliar finalmente empezó a afectarme. A mí nunca me contaron ni me hablaron de las responsabilidades y compromisos de una numeraria auxiliar. Solamente me habían dicho que las numerarias auxiliares y las numerarias eran lo mismo, aunque nuestro trabajo era diferente. Me empecé a dar cuenta de que mi vida dentro del Opus Dei iba a consistir en largas y duras horas de trabajo, sin absolutamente ninguna vida de tipo social. Además, estaba claro que no éramos, de ninguna manera, igual a las numerarias.

Ante todo, había diferencias materiales entre las dos clases. Las numerarias usaban ropa costosa mientras que las numerarias auxiliares usaban uniformes con un delantal blanco. Las numerarias auxiliares podían usar ropa “corriente” si salían del centro, pero normalmente era ropa de segunda mano, barata o vulgar. Las numerarias comían en comedores diferentes y su calidad de alimentos era mejor mejor; nosotras comíamos las sobras. Las numerarias eran servidas por numerarias auxiliares vestidas con un traje negro de mangas largas, de cuello blanco almidonado, puños, cofia y delantal. Las numerarias tenían mejor calidad de mantelería, ropa de cama, loza y muebles que los que usábamos las numerarias auxiliares.

Nuestras habitaciones y baños también eran diferentes. Las numerarias, normalmente, tenían habitaciones privadas mientras que las numerarias auxiliares tenían baños y dormitorios comunes. En los países donde había muchos miembros, como en España o Roma, las dos clases de numerarias, inclusive, tenían oratorios separados. Los oratorios de las numerarias eran más ampulosos, con adornos de oro; los oratorios de las numerarias auxiliares eran muy simples y de madera. Las numerarias auxiliares también tenían puertas diferentes para entrar en las casas del Opus Dei. Se llamaban “entrada de las sirvientas” y lo normal es que no estuvieran a la vista, sino en la parte de atrás del edificio.

Mientras que esas diferencias entre los dos grupos aparentemente “iguales” podían parecer significativas, había también otras actitudes que desconcertaban.

El catecismo del Opus Dei define a las numerarias auxiliares de la siguiente manera, “hay otras numerarias que hacen el trabajo manual y de cuidado de la casa en las casas del Opus Dei quienes se llaman sirvientes. “Mientras que el término sirvientas ha sido suprimido y se usa ahora el término “auxiliar” o “numeraria auxiliar” (Carmen Tapia), la realidad es la que sigue existiendo para las numerarias auxiliares en todo el mundo.

Las numerarias auxiliares son reclutadas usualmente de ambientes rurales, pobres y de bajo nivel educativo, mientras que las numerarias tienden a ser reclutadas de ambientes educados y más selectos. Las numerarias auxiliares nunca pueden ocupar cargos directivos ni pueden trabajar fuera de las casas del Opus Dei.

Carmen Tapia sugiere que el fundador del Opus Dei veía a las numerarias auxiliares como personas de inteligencia limitada o como él decía “con su propia mentalidad.” Todos los miembros del Opus Dei reciben educación en los cursos anuales y la diferencia entre el tipo de educación ofrecida a los distintos tipos de miembros, refleja las diversas actitudes hacia ellos. Las numerarias reciben clases en teología, ley canónica y español mientras que las numerarias auxiliares reciben clases en higiene, lectura, escritura básica e instrucción religiosa elemental.

Escrivá también consideraba a las numerarias auxiliares como incapaces de sentimientos o emociones humanas. Por ejemplo, a las numerarias auxiliares se les permitía tomar entre sus brazos a bebés pero no a las numerarias. Escrivá creía que el instinto maternal de una numeraria podía despertarse abrazando a un bebe, pero pensaba que eso no le sucedería a una numeraria auxiliar. Pensaba Escrivá en las numerarias auxiliares no podría despertarse ese sentimiento.

Irónicamente, las directoras nos decían constantemente que nosotras -las numerarias auxiliares- éramos “las madres” de los miembros del Opus Dei. ¡Claro! Nosotras cocinábamos, limpiábamos y planchábamos para esos numerarios de la mañana a la noche, siete días de la semana, cincuenta y dos semanas al año, año tras año.

A Escrivá le gustaba llamar a las numerarias auxiliares “sus pequeñas hijas.” Es bien sabido que él fomentaba en ellas una conducta infantil. Tapia dice que ella se sentía a veces avergonzada al ver a mujeres adultas actuar como si tuviesen trece años. Las directoras también nos incitaban a caer en esa conducta infantil. Después de haber pasado un tiempo como numeraria auxiliar, llegaba a ser un hábito difícil de eliminar.

Las numerarias auxiliares no podían nunca estar solas. Las numerarias tenían siempre que acompañarnos a donde fuésemos, dentro o fuera de los centros. No podíamos poseer o tener acceso a ningún dinero; las numerarias pagaban nuestras compras por nosotras.

Estas actitudes y condiciones formaban la base de mi vida en el Opus Dei. Mi vida era controlada y absorbida; tenía poco acceso al mundo exterior. Los periódicos que llegaban a nosotros estaban censurados y el programa de televisión que empezábamos a ver, a menudo se apagaba si ese programa se consideraba inapropiado para nosotras por alguna de las estrictas (fanáticas) numerarias que tenían poder para apagar o encender la televisión.

Mi vida claustrofóbica tenía poco espacio para la individualidad y la creatividad. Como muchachas rurales, a menudo éramos el objeto de las burlas de las numerarias. Dado que ellas procedían de ciudades, se reían de nuestros acentos, nuestro lenguaje y nuestras tradiciones.

Éramos a menudo las víctimas de su mal carácter, pero no se nos permitía hacerles correcciones fraternas. La directora, sin lugar a dudas, siempre estaría a favor de la numeraria y no de la auxiliar.

Viví una vida de conformismo y aleccionamiento. Empecé a hacer preguntas acerca de algunas contradicciones que veía, pero me “tranquilizaban” de inmediato diciéndome que iría al infierno por haber pensado esas cosas. Debido a mi falta de preparación, era incapaz de articular una respuesta.

Y un día, no lo soporté más. Era incapaz de entender las inconsistencias de mi alrededor. Empecé a preguntarme quién era Dios. Escrivá era más venerado que Dios mismo. A veces, llegué a sentir que pasaban semanas sin escuchar la palabra “Dios.” Siempre era “El Padre” y “Nuestro Padre.” Extrañaba al Dios que conocí antes de mi vida en el Opus Dei.

Una mañana lluviosa y con mucho viento dejé el centro del Opus Dei y a mis amigas numerarias auxiliares. La numeraria que me llevó a la parada de autobús, tiró mi maleta a la calle y se alejó sin ni siquiera decir adiós. No podía entender la conducta de esa persona que, aparentemente, estaba dedicada a Dios. Cuando subí al transporte que me llevó a mi familia me di cuenta que, mientras estuve en el Opus Dei, me habían quitado hasta la soltura de poder comprar un billete.

Llegué a casa, a mi familia que me perdonaba, herida, confundida, con culpa y disgustada. Poco a poco empecé a darme cuenta de que el mundo no era tan cruel o diabólico como el Opus Dei me lo había pintado. Había mucha gente buena fuera.

Durante un tiempo traté de superar mi estancia en el Opus Dei diciéndome a mi misma que todo estaba bien y que podía amoldarme. Sin embargo, dado que me habían quitado toda mi relación con el mundo y con las mínimas desenvolturas de la vida corriente, además de la confianza en mi misma, urgentemente necesité consejo y asesoramiento.

Después de un largo período de tiempo, recuperé lentamente el amor propio. Regresé a la escuela y terminé mi educación secundaria, fui a la universidad y obtuve un grado académico. Espero hacer una maestría en los próximos años. Ahora tengo un buen trabajo, un vehículo, casa y buenas relaciones.

Hay muchas numerarias auxiliares en todo el mundo que viven experiencias muy similares a las que yo he contado. Me duele que los derechos humanos de esas mujeres estén siendo quebrantados tajantemente por las actitudes y las reglas del Opus Dei. Sin embargo, el Opus Dei continúa justificando y permitiendo la existencia de ese tipo de situación que solamente puede ser descrita como la explotación de un grupo de mujeres vulnerables, en el nombre de Dios.

Sé de muchas mujeres infelices y perturbadas que están todavía en el Opus Dei dando todo por esa organización. Personalmente fui testigo de la auto mutilación de algunas de esas personas y todavía puedo escuchar su llanto apagado durante la noche. La depresión y trastornos en la alimentación eran habituales. Algunas numerarias auxiliares que por razones físicas no podían trabajar más fueron expulsadas sin ninguna explicación, sin dinero o casa a donde ir.

Muchas no hablan. Puede ser por su falta de preparación o por el sentimiento de culpa que les han inculcado. Muchas viven atemorizadas por miembros del Opus Dei y por la habilidad de estos para atacar por la espalda a quienes se atrevan a hablar en contra.

Mientras que hay mucha gente que es conciente de los métodos de reclutamiento usados por el Opus Dei y el tipo de vida en particular que los numerarios viven, la vida de las numerarias auxiliares usualmente es olvidada. Yo les ruego que por favor consideren las circunstancias en que estas mujeres viven. Tenemos que darles voz a este grupo de mujeres silenciadas, vulnerables y olvidadas.

No he hecho mucho hincapié sobre el castigo corporal (cilicio, disciplinas…) porque éste, al lado de los otros, no era la verdadera cruz en nuestras vidas. Tuvimos que batallar con cosas mucho peores.

Por favor, pensad las palabras del Acta de Derechos Humanos: Artículo 7: “Nadie será sometido a tortura o a trato o castigo cruel, inhumano o degradante. Artículo 8 (2): “Nadie será mantenido en la esclavitud”.

Hay muchos otros asuntos que no he discutido. Sin embargo, he tratado de dar un bosquejo de la vida de las numerarias auxiliares. Por favor, recen por ellas.

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En el Opus Dei como numeraria auxiliar (“sirvienta”)

Publicado por opusvalladolid en Diciembre 20, 2007

MARTA, 12 de julio de 2004

Publicado originalmente en OpusLibros.org 

Como ya dije en mi primer escrito fui numeraria auxiliar. Y bueno, según mi experiencia es hora de romper muchos mitos. Dentro de las auxiliares había personas que tenían una buena formación cultural, alguna que otra terminaba sus estudios universitarios, otras con estudios medios y otras sin estudios. Está bien que a estas personas también se les de la misma oportunidad que a otras, porque el que hecho de no tener estudios no significa que “Dios no se pueda servir de uno, o escogerle para sus planes”.

A fuerza de escucharlo podéis haberos convencido de que éramos las hermanas pequeñas, (y aunque no quiero ser yo quien le quite valor a estas heroicas mujeres que perseveran en la obra, con una autentica vocación de servicio y santidad alejada de esas rencillas de las que habláis se producían entre numerarios en consejos locales) no eran las que yo conocí personas ignorantes ni torpes ni esclavas ni nada tan malo que las hiciera dignas de lastima.

Al contrario, las auxiliares te enseñan tu profesión como en ningún sitio. Aprendes a optimizar el tiempo y minimizar el esfuerzo en tu trabajo. Aprendes a ver detalles, te enseñan todo lo que saben, -que no es poco- en los distintos servicios: cocina, repostería, Office, tinte, lavandería, pequeñas tareas extraordinarias de mantenimiento, servicio de comedor,… y nada que hablar de lo que humanamente se puede aprender de muchas de ellas.

No paro de leer lo agradecidos que están muchos a la auxiliares. Y me parece bien, se agradece, pero tampoco es para tanto. Yo creo que pité de lo que quise, quizá no era el caso de todas, pero desde luego si el de la mayoría de las que yo conocí de mi quinta, que además se dedicaban a esas tareas ya antes de pitar, o incluso se preparaban para ellas en escuelas de formación profesional.

Nosotras también celebrábamos las fiestas solo que teníamos que cocinar, y servir la comida. Después nos organizábamos por turnos y las tardes eran libres… no era igual que para vosotros pero tampoco tan malo. Igual ahora no me quejo de mi tarea, (sigue siendo la administración pero ahora la de mi casa) en absoluto reconocida por nadie. Ni por la sociedad, ni por …., quedamos para lo último. No podemos cotizar, no se piensa en nosotras cuando tenemos niños en edad de guardería, la verdad es que derechos tenemos bien pocos. Ni siquiera se nos tiene en cuenta en el día de la mujer trabajadora. A mi me salva que mi marido aprecia la tarea que hago en casa y cuando puede me ayuda así disfrutamos los dos del tiempo libre; y es lo único que necesito, además sé que contribuyo de manera fundamental en el desarrollo físico y emocional de mis hijos.

Así es como lo tomé cuando pite y cuando realicé las tareas de la administración en los distintos centros donde estuve. Hoy me da alegría ver que de algo servía la tarea que se hacía y el amor que se ponía. Puede ser lo mejor que me llevé de mi estancia en la obra. A mi me gustaba mi trabajo, y para mí si que era una vocación de servicio, sí era una vocación especial.

Me gustaba la vida en familia, especialmente intensa en las administraciones. En el tiempo que estuve allí nunca me sentí menospreciada por ninguna numeraria, aunque las maneras de unas me gustaran mas que las de otras. Por cierto yo si que coticé en la seguridad social.

Problemas había muchos. Los mismos que contáis muchos: faltas de caridad, enfervorizado proselitismo que no apostolado, (recién pitada yo, una numeraria me preguntó por mis amistades, y al hablarle de una de mis mejores amigas me dijo que no tratábamos a personas como esa. Algo se rompió aquel día ¿no valía ella toda la Sangre de Cristo?). La temprana edad para entrar en la obra que para las auxiliares era al cumplir los catorce. La forma de romper vínculos con la familia de sangre. Y algunos problemillas del famoso plano inclinado, fundamentalmente que lo que hablara en la charla lo sabía todo el consejo local.

Luego las costumbres unas mas tontas que otras, pero todas intransigentes. Nunca comprendí cual era el motivo por el que no podían llevar la charla de otras numerarias o auxiliares, (personas con el alma tan fina, -que yo conocí.- ¿no se perdía tanto talento?)… ni el por que del “usted” o del “señorita”, la razón de los comedores separados o de las vajillas distintas… pero nunca me comí el coco con eso, quizá la mía era una mente demasiado simple o nunca le di demasiada importancia a las cosas sin trascendencia.

Claro que el colofón era que eso de cristianos corrientes en medio del mundo… una numeraria auxiliar lo tenia bien difícil, todo el día entre personas de la obra, en un centro de la obra y al salir a la tarea apostólica encomendada, que puedo decir los clubs: eran patéticos, sin actividades interesantes, sin “gancho” para atraer ¿a quién?, no sé creo que era lo peor. Pero al fin y al cabo era lo mejor, por que en otros centros era aún peor no cabía por lejanía o no se que motivos la apertura al exterior.

Bueno como veis los problemas en la obra todos parecidos para todos.

Quizá otro día cuente más, gracias por estar ahí y un abrazo a todos. Entre tanto una propuesta, transformad esa pena por la auxiliares en agradecimiento a madres, esposas…. que sobre todo si hay hijos pequeños no tienen horario, pero de verdad.

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LA TRAMPA DE LA VOCACIÓN AL OPUS DEI

Publicado por opusvalladolid en Diciembre 19, 2007

EDITORIAL DE OPUSLIBROS

 

“El Opus, dice Pániker (Raimundo Pániker entró en la Obra en 1939 y se marchó en 1966. Fue ordenado sacerdote en la segunda promoción), quiere salvar al mundo de sí mismo en nombre de Dios, pero según sus propias condiciones. Las condiciones del Opus, por supuesto, son idénticas a las de su fundador. Toda gracia que conduce a la salvación llega a los miembros del Opus Dei a través de su fundador. A través de la gracia del fundador eres lo que eres. De ahí los traumas que sufren los que se salen. Demasiado a menudo creen, y los miembros del Opus lo piensan así, que al separarse de esta fuente de gracia se ponen a sí mismos fuera de esta institución de inspiración divina e inalterablemente perfecta, y están destinados a condenarse eternamente. “El demonio actúa rápidamente -le dijo Janet Gould a su madre cuando le explicaba por qué no podía abandonar por un corto período la residencia del Opus para ir a casa de visita- y lo hará si me marcho de aqui. (Citado en el “Catholic Pictorial”, 13 de septiembre de 1981. La señorita Gould ya ha dejado el Opus). El impacto sobre los miembros del Opus es predecible. Se les separa tempranamente de su familia natural. Se les enseña a creer que la salvación es imposible, ahora que son miembros del Opus Dei, sino sólo a través de la organización en la que han ingresado. Suple su vida familiar, su medio ambiente, al menos en todo lo que no sea actividad profesional y, en muchos casos, especialmente para las mujeres, también ésta. Cuando están desengañados, por tanto, el impacto emocional es aplastante. Los que quieren marcharse no tienen a nadie a quién recurrir, nadie, fuera del Opus, con quien establecer una relación lo suficientemente estrecha como para que puedan confiar en ellos. Y también han sido educados en la creencia de que al romper sus lazos están cometiendo el pecado más infame. La salvación es transmitida a través del Opus. Sin el Opus, el antiguo numerario está condenado”. (Recogido por Michael Walsh, El mundo secreto del Opus Dei).

La vida, fuera de la Obra, tiene sus sinsabores y sus alegrías, es la vida misma, la de cualquier persona en medio de este mundo, sin privilegios, sin mamparas de cristal, pero sin otro sometimiento que no sea lo que tú quieras hacer, ser, pensar, y sobre todo ¡vivir y respirar! En la Obra empequeñecen a Dios y le hacen cómplice de una increíble tela de araña para tenernos bien aferrados con frases tan engañosas como “la infidelidad [al Opus Dei], romper la unión con Dios, eso es lo grave” (Escrivá). ¡Ahí está la trampa! Míralo de la siguiente forma:

Para Escrivá, irse de su obra es igual a… ¡romper la unión con Dios! (¿Cuánta soberbia se necesita para hacer una afirmación semejante?). Irse de la Obra no es abandonar la Iglesia ni dar la espalda a Dios, porque la Obra no es la Iglesia y la verdadera Obra de Dios es Jesucristo.

En primer lugar, tu vocación se le inventaron, “la vieron” ellos, pero tú fuiste captado por un proceso de “enamoramiento” o de atracción o de coacción (recuerda cómo entraste a la Obra). Aún así, si hubieras tenido vocación -¿acaso podrías elegir tener vocación de “supernumerario a los 14, 15, 16, 17 ó 18 años?,¡No!- tenías vocación de numerario/a porque el/ella -junto al sacerdote de la obra con el que te confesabas- “lo habían visto en la oración” o de agregado/a si tu nivel social o tu educación, tus peculiaridades e incluso tu físico no era el deseado, o de numeraria auxiliar, si te sacaban de un pueblo, sin estudios, de clase humilde, de donde “unas señoritas” te llevaban a la capital a “estudiar”, a “formarte” (con la tranquilidad que les quedaba a tus padres porque ibas a labrarte un futuro mejor).

Se inventaron tu vocación e involucraron a Dios haciéndote creer que Él era el que te pedía “eso”. Y tú acabaste por aceptarlo “Dómine, ut videam!”, “No querrás ser como el joven rico del Evangelio al que Jesús le dijo ’sígueme’ y al no hacerlo se quedó triste”… y tantas frases parecidas.

En cualquier caso, no seguir en una organización no es ser infiel, es una elección y la vida está llena de ellas. Imagínate que has firmado un contrato para trabajar en una empresa y cuando llevas un tiempo allí, ves que no tiene nada que ver con lo que te dijeron que era. No te gustan sus métodos de trabajo, ni te convencen sus objetivos, ni te sientes a gusto. Si decides rescindir el contrato y buscar un sitio mejor donde corra el aire, ningún estatuto ni ninguna rama de ningún Derecho, ni el sentido común tipificarían tu caso como “el del empleado infiel que quiere romper su relación con Dios”.

Imagina que estás casada con una persona que te maltrata y llevas años aguantando la situación. Si te atrevieras a plantarle cara, a denunciarle y a marcharte de su lado, ¿alguien podría acusarte de que si le abandonas, estas siendo infiel? Y si por ende, alguien te dijera que además de serle infiel, lo grave es que has roto tu relación con Dios, ¿estaría en su sano juicio quien así intentara convencerte de que siguieras aguantando? ¿Crees que Dios querría que siguieras soportando los malos tratos y que no te defendieras?

Piensa por un momento en las personas que se asocian o ingresan en alguna institución religiosa. Si en un momento de su vida creen y tienen la seguridad de que eso que eligieron ya no es lo que quieren, o ya no les vale, o creen que su evolución espiritual les ha conducido por otros derroteros, con la misma libertad que entraron (libertad que tú no tuviste), se marchan. La Iglesia, en su Código de Derecho Canónico, les ampara. Y no pasa nada, no son infieles a Dios porque a Dios se le puede servir de muchas maneras (más que servir, Dios prefiere que le quieras) y Dios sigue siendo Dios y tú sigues siendo tú y no se rompe nada, no hay infidelidad. Recuerda la frase del Padre para que no se nos olvide lo incongruente y sibilina que es: “la infidelidad [al Opus Dei], romper la unión con Dios, eso es lo grave”.

Para el fundador, la “infidelidad” es irse de la Obra; da igual en qué condiciones ni por qué motivos. No respeta tu libertad, no admite que pienses por libre, no acepta que seas persona ni que seas tú mismo. Y se atreve, además, a utilizar a Dios para su propia conveniencia. Por eso equipara “infidelidad” a “romper la unión con Dios” y te hace creer que si te vas de la Obra “le traicionas como otro Judas“. ¿Cómo puede alguien pensar en su sano juicio que no admitir, no entender, no poder compaginar la teoría con la práctica del espíritu del Opus Dei, después de haberlo intentado muchas veces, es “romper la unión con Dios”? ¡Si sólo es una cuestión de salud mental! La idea de Dios tiene tan poco que ver con la desolación, con la amargura, con la tristeza, con la sinrazón, con la falta de caridad, que si Dios pudiera hablar por su propia boca te diría que Él no tiene nada que ver con el Opus Dei, que no son sus métodos, que te quiere igual dentro que fuera y, sobre todo, que no es sectario y que no se inventa organizaciones en las que el que está dentro acaba buscando razones para morir y no razones para vivir.

Irse de la Obra no es “romper la unión con Dios” ¿Qué tendrá que ver una cosa con otra? ¡Qué burda manipulación y qué fácil de desmontar! Pero, es cierto y te damos toda la razón, sólo te das cuenta de que te han manipulado o de que lo están haciendo, cuando estás fuera o estás casi a punto de irte porque tu salud psíquica y física ya no pueden más.

Rizando el rizo, si te sirve una situación que no es la tuya pero que podrían haberte influído tanto que te sintieras una mala persona por haberte ido o quererte ir del Opus Dei, recuerda este pasaje del Evangelio: “Mujer, ¿acaso alguien te ha condenado? Yo tampoco. ¡Vete en paz!.

Y desde el punto de vista jurídico, la salida de la Obra está perfectamente legitimada en los Estatutos de la Prelatura.

Te aconsejamos que leas el capítulo III del libro de Maria del Carmen Tapia: “Crisis vocacional“. Te dará “luces” para recordarte o para que sepas cómo se utiliza el tema de la vocación en el Opus Dei. Con una explicación teológica y filosófica te lo aclarará también Antonio Ruíz Retegui, teólogo y sacerdote numerario del Opus Dei en su capítulo El sentido de la perseverancia de sus reflexiones íntimas “Lo teologal y lo institucional“. Un ex sacerdote numerario te ayudará también con su testimonio Decisión difícil, igual que puede hacerlo el escrito La vocación al Opus Dei no existe y sobre el bautismo. Lee también las reflexiones, a la luz del Evangelio, del relato del joven rico, Carta a una recién ‘pitada’ con dudas, La técnica sectaria del proselitismo del Opus Dei.

Y para ver la coacción en los argumentos que se emplean para asignarte una vocación, lee -y házsela leer a tus padres- la charla sobre la vocación del círculo. Si estás yendo a círculos, tarde o temprano te dirán eso, para que “pites”. Y para comprobar la falsedad de sus actuaciones y la frialdad de sus métodos sectarios, lee los 27 pasos para que “pite” una numeraria al mes, un documento interno del Opus Dei donde se marcan las pautas del proceso de captación y de “enamoramiento” al que te someterán si estás bajo su influencia. No caigas en la trampa.

Como declaró Antonio Pérez Tenessa*: “Una vez liberado del trauma que deja la Obra, repito literalmente contigo: Yo, por mi parte, puedo seguir asegurando que no he llegado a echar de menos ninguno de sus cuidados, de sus charlas, de sus consejos, de sus diálogos, de sus apostolados, nada. Porque era eso precisamente lo que costaba y me repelía por contradictorio. (Recogido por María Angustias Moreno en su libro, El Opus Dei, anexo a una historia).

*Antonio Pérez Tenessa pidió la admisión en el Opus Dei en 1939, fue ordenado sacerdote en 1948. Desde 1950 desarrolló el cargo de Secretario General del Opus Dei y en 1956 fue nombrado Consiliario Regional de España (cargo equivalente al actual Vicario Regional). En 1965 abandonó la institución. En 1992 publicó un artículo en el diario español “El País” titulado: “No hablaré mal de la Obra.

Otro testimonio más que te hará pensar y hará pensar y recapacitar a los reclautadores de vocaciones: “Los “pitajes” a granel y la vocación al Opus Dei“. Y otro: “La seducción del cariño: orígenes de una vocación

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Como coaccioné para que una adolescente, se hiciera del Opus Dei

Publicado por opusvalladolid en Octubre 30, 2007

Publicado originalmente en OpusLibros.org

Madreselva

Buenos días buena gente!

En un intento de esclarecer la verdad de los hechos, hoy voy a contaros como “pitó” conmigo, es decir, pidió su admisión al Opus Dei, la única persona a que coaccioné para que entrara en la Obra (y no diré “gracias a Dios”, aunque sea la única, pues esta responsabilidad sigue pesando sobre mi conciencia).

Vivía en un club de bachilleres. El grupo al que impartía formación, eran chiquitas de lo que antes era COU, es decir, 17-18 años. Varias se habían hecho ya numerarias los años anteriores, desde los 14. Eran una monada de crías, simpáticas y nobles como ellas solas. Yo “amigué” con una niña, de su misma clase del cole y amiga del resto, que en pocos meses pasó a convertirse en un “objetivo pitable”. Aunque a mis 22 me sentía casi su madre, pues ella tenía 17 (fi-ja-te-tú), teniamos muy buen feeling. Mi “pitable” en cuestión, era una empollona obsesiva. Tenía unos ragos de perfeccionismo académico, que le hacían sufrir y llorar frente a los notables acaecidos en su expediente. También era una niña de una inseguridad enfermiza. Pero era todo corazón y tenía unos padres con bastante pasta.

Total, que cada cual analice las causas posibles, pero desde la dirección del centro me dijeron: “a por ella”. Y fuí a por ella: ¡mi primera pitable real!. Fíjate que ilu. Total, que un día, encontrado el momento propicio, le casqué el consabido “tienes vocación de numeraria al Opus Dei, es una predilección especialísima de Dios por ti, tienes la oportunidad de hacer con tu vida lo más grande de este mundo”, etc, etc, todos argumentos de lo más disuasorios. Se me puso a llorar, pues la pobre veía acercársele el marrón desde hacía tiempo, y no paró en semanas. Entonces yo me empecé a preocupar. La vi tan agobiada, desborda por una situación, que cualquiera con las mínimas nociones de psicologías comprendería que le quedaba grande… que empecé a informar a los directores para que desmontaran “el sarao”, pues no consideraba muy festiva ni abocada a un final feliz dicha la situación. Yo tenía 22 años. Una pipiola, aprediz del “verdadero arte proselitista”. Y cuando me di cuenta de que mis dires, la dire del centro y el sacerdote, no parecían notar nada extraño, inadecuado en la situación… renuncié a mis propios criterios, siguiendo docilmente los de la dirección (me había vuelto una experta en semejantes docilidades, que aparcaban mi uso de la libertad y la responsabilidad. Era sin darme cuenta, una marioneta encantadora).

Así seguí, y seguí con saña, convencida de mi misión divina, mientras esta niña se iba derrumbando psicológicamente ante mis argumentos “invencibles”. Y llegó el día de escribir la carta para pedir la admisión. Mi pitable lloraba frente al papel. Y la escribió del siguiente modo, diciendo: que, no, que no la escribo. (Al minuto), que si. (Al otro minuto), que no, que no puedo… así alternativamente, en lo que resultaba un triste espectáculo y todo ello sin dejar de llorar. Y yo venga, erre que te erre. Solo me faltaba escribirla por ella. Como cualquiera puede comprender, una decisión del calado de entregar una vida no “vale” tomarla en semejantes condiciones de duda y coacción, por no hablar de las emocionales de la candidata. Una vez firmada la carta, yo ya muy preocupada, fuí a hablar con la directora para explicarte cómo había firmado, que pensaba “que la había coaccionado siguiendo sus intrucciones” pero eso no me “sonaba” que fuera el espíritu de la Obra. Y cual fué mi sorpresa cuando me di cuenta, que tanto directora como sacerdote, no prestaron la menor atención a mis inquietudes, dándome una palmadita en el hombro por mi “buen” trabajo, y más contentos que unas pascuas. Me dijeron que no me preocupara, que todo estaba fantásticamente bien. Y reconozco que su tranquilidad, contagió pronto mi conciencia y si hubiera tenido oportunidad, habría actuado igual con la siguiente. Eso si: con menos escrúpulos.

No sé qué habrá sido de esta muchacha. Al año siguiente, abandonó la casa de sus padres para irse a hacer el centro de estudios a otra ciudad. Era extremadamente compleja de cabeza, inestable emocionalmente y sufría mucho por la educación que había recibido y su carácter. Ojalá dejara pronto la Obra, o en su dirección alguien tuviera la caridad de decirle que “no era lo suyo”. Solo se, que con lo vulnerable que me pareció, los años que estuviera dentro (quizá aún lo está, no lo se) tuvieron que desequilibrarle necesariamente un montón. Una vocación tan exigente y perfeccionista como la de la Obra, era justo lo que no necesitaba.

Y bueno… yo tuve responsabilidad inegable en este estropicio. La anulación de mi libertad interna, se que me exime en buena parte, pero era una persona adulta, pacté con una actuación inadmisible.

¡Así pitan algunas personas!, es mi vivencia. Besos para tod@s,

Madreselva

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Superstición y vudú en la opus de Dios

Publicado por opusvalladolid en Octubre 16, 2007

Publicado originalmente en OpusLibros.org

Satur

A uno le alegra que de cuando en vez se acuerden de Satur, tan simpático, y que se le eche de menos. La verdad es que sigo la página, pero mis meninges ya no dan para más. Las nuevas aportaciones, además, son muy sabrosas (Markus, Gervasio, aceitera aceitera ) y creo que son muchos los que se deben de sumar a este puzzle para completar esa cosa tan rara que se llama Opus Dei.

Porque mira que son raros…

De mí diré que, hace años, ya no tengo ninguna relación con ellos y que mi vida discurre por caminos de sencillez. Estoy muy lejos de esa gente y los miro, y me miro a mí entonces allá dentro, con simpatía, aunque me parecen como un recopilatorio de los Pecos en japonés: un coñazo. Inclusamente de los ex hay gente más pesada que una china vendiendo rosas: como muy preocupados por su salvación y la de los ex que son agnósticos, apóstatas, tralaralas, madres solteras, novias de hombres divorciados, curas en tierra de nadie y gente de mala vida… Aquí, me parece, cada uno escribe de sus cosas y no creo que sea el foro para tratar de ciertos temas. Cada uno es como es, y vive como buenamente puede. Y mejor no andar juzgando, que luego pasa lo que pasa, que uno va de guays y de chulito y un día resulta que lo ves en el coche esperando el verde del semáforo comiéndose los mocos. Pues eso.

Lo que más gracia me hace de la gente de la opus, y de algunos bastantes ex con el ramalazo militante, es la seguridad que tienen en las cosas de Dios. Eso sí, reconociendo siempre su condición de pecadores (“no soy ejemplo de nada”, “soy el que más falla” -afirman- Y uno se pregunta, “¿Qué fallas el que más?”, dime en qué, criatura. Y te contestan “pues en que muchos días no hago el minuto heroico”, o “en que a veces se me va la vista”… ¡¡¡ jodeeeeer, pues sí que fallas, sí !!!).

Digo que tienen una seguridad pétrea en las cosas de Dios. Es más: Dios está conmigo. Lo que yo digo es asín, y punto. Y lo bueno es que se lo creen. Hay que joderse.

A Dios nadie le ha visto, eso es seguro… bueno, San Josemaría sí, que hasta le decía cuando leía el periódico “¡oye, déjame, porfa!” (no es textual. Textual es más fuerte). Pero los demás ná de ná. Bueno, pues éstos te hablan de Dios como si le conocieran de toda la vida. Y hablan y hablan, y escriben y escriben, y las montan del treinta y tres absolutamente convencidos de que lo suyo es la verdad. No son mala gente, son ciegos que guían a otros ciegos. Porque si les bajamos a la arena donde toreamos todos, están en lo que estamos todos, ni más ni menos.

Se han complicado la vida, que sólo hay una, y de qué manera. Y a Dios en ella. Yo no he visto a Dios, pero intuyo que para llegar a Él no hacen falta tantas zarandajas de normas, charlas, meditaciones, confidencias espirituales, convivencias y mandangas que en la mayoría de las veces no son más que causas de escrúpulos, mentalidades ñoñas, aires de aristócratas del amor y alegrías de corral.

A uno le parece que en las cosas de Dios lo mejor es el silencio: dejarse querer para querer. Lo demás viene solo.

La naturaleza del hombre de grupito -sea el grupito que sea- está constituida en creer fácilmente en las cosas que les dicen que hay que esperar. Si sigues nuestros criterios te irá bien. Es un mecanismo muy cercano a la superstición que muchos pensadores católicos le achacan a ciertas formas de religiosidad. Algunos les llaman “mecanicismos”.

La opus está repleta de ellos: desde los más mecánicos como dar besos a crucifijos, estampas, imágenes y suelos, hasta saludar a ángeles custodios del centro, rodillazos al entrar y salir del centro, pasando por todo tipo de liturgias domésticas como cienes de persignaciones, inclinaciones de cabeza, solitarios paseos peripatéticos rosario en ristre, brazos en cruz , decenas de salmos que se repiten más que un cordero a la chilindrón, y terminando en todos los criterios de modos de vestir, maneras de sentarse, formas de tratar a la familia de sangre o, como nos contaba hace unos días un amigo, vivir el pudor no llevando pantalones vaqueros donde el culete respingón era causa de admiración de sus compañeras en la universidad… ¿Seguro que eran chicas?. Menos mal que estaba al quite el subdirector del centro de estudios y puso remedio. Es que, la verdad, se ve cada culoooooo.

Se me dirá que si todo eso se hace por amor de Dios que por qué está mal. Y tiene razón. Sólo que para hacer todo eso por amor de Dios todos los días hay que estar muy preparado, o estar como un cencerro o, en fin, ser gente muy exagerada: como una lipotimia de Raphael.

Recuerdo que durante unos años hacía la charla fraterna en la delegación con el subdirector de la misma, un chico que nació maduro y con los morros como Angelina Jolie. Total, que  un día le digo “joé, ¿sabes qué me pasa?, pues que me paso el día diciéndole a la gente que la encomiendo, que rezo por ella, y luego, ná de ná, que no me acuerdo. Y me parece que no está bien eso. Y el tío me aconseja, “tranquilo, tú cuando te levantes y beses el suelo dices “me gustaría encomendar de verdad a todos los que les diga hoy que les voy a encomendar. ¡Y ya está!”.

Me pareció una idea cojonuda. Es más, ahora mismo voy y digo “Señor, de aquí a los cinco años siguientes a todo el que le diga que rezo por él, toma nota, que va en serio. Hala, a por otra cosa, mariposa… mejor pon los próximos diez años”.

Esto de los mecanismos suena más a cosa de una pasmosa sencillez, muy lejos del amor, por cierto. Y es que cuando un conjunto de actos, por lo demás perfectamente inútiles e innecesarios al fin propuesto – la santidad en medio del mundo como uno más- se ven coronados por el éxito, el tipo tiende a repetirlos. Y acaba asociando la conducta con el premio. Y termina por creer que en cualquier circunstancia es suficiente con llevar a cabo la conducta para obtener el premio. Y que , incluso, el premio nunca puede conseguirse al margen de ese tipo de conducta. O sea, que si no rezo al ángel custodio para que encuentre aparcamiento, voy listo. Y si le rezo (es que tiene cojones el tema), pues que me sale una plaza en medio de la calle Serrano, ¡y encima es un autobús que sale de allí!, ¡¡¡oleeeeeee!!!.

El premio no es la vida eterna, necesariamente. Puede ser un estar bien consigo mismo, un fruto apostólico que se desea, una virtud que se quiere alcanzar, un milagro que anhelamos.

Conozco un médico supernumerario que receta a sus pacientes la estampa de San Josemaría. No sé, yo no me fiaría de un médico que me endilga una estampa para pedir mi curación. Para eso me voy a un sanador a que me ponga la estampa de San Genaro y me sople en la axilas y me recite el “cura sana, cura sana, cura sana cara de rana, si no se te cura hoy, se te curará mañana”. Supongo que el tal médico habrá repartido miles de estampas y, claro, alguna le habrá salido bien y, hala, a tirar de estampica, por si acaso. Es interpretar lo que es CASUALIDAD como CAUSALIDAD.

Lo que tendría que hacer ese buen médico es ponerse la estampa en el ciruelo, porque por allí el chico no anda muy fino, que se le van las manos al pulpo.

Y si funciona, que avise.

El tema de los mecanicismos roza, cuando no se sumerge, en la superstición y, a veces, parece “vudú”. Es sabido que el vudú piensa que la posesión de un mechón de cabello, unos recortes de uña, un algodón empapado de una gotica de sangre, o unos calcetines que han estado en contacto con un cuerpo, le otorga un poder ilimitado sobre esa persona, incluso provocar la muerte.

Estoy seguro que a más de uno le están viniendo a la cabeza cientos de anéldotas al respecto.

Ya digo, que son muy raricos estos chicos.

Satur

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