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Destruida emocionalmente por tantas exigencias e imposiciones (del Opus Dei)

Publicado por opusvalladolid en Febrero 19, 2008

Por  CAROLINA A. MIRANDA

Enviado el domingo 16 de abril de 2006

Lo que empezó como un trabajo a tiempo parcial en la cocina en un centro de retiros en Pembroke, Massachusetts, se convirtió para una mujer, a la que llamaremos Lucy, en una total dedicación que duraría 20 años.  Acaba de salirse del Opus Dei y nos pidió que no usáramos su nombre real. Tenía justo 16 años cuando empezó a trabajar allí y vio que le le gustaba la gente con la que trabajaba y también su espiritualidad. Después de salir del instituto en 1985, se matriculó en el Lexington College de Chicago, una escuela del Opus Dei para mujeres interesadas en la Hostelería. Ese mismo otoño, sin decírselo a sus padres, ingresó en la organización como numeraria auxiliar.

Las numerarias auxiliares son el equipo de empleadas domésticas que se encargan de servir las comidas y se ocupan de la lavandería y la limpieza en las instalaciones del Opus Dei. “Es como trabajar en un hotel si no fuera porque allí el trabajo también exige además de oración y penitencia diarias, celibato para toda la vida. Su ocupación consistía en trabajar unas 12 horas diarias, seis o siete días a la semana, en distintos centros del Opus Dei desde San Francisco hasta  Boston, y Lucy dice que su salario mínimo se ingresaba directamente a la organización. El estricto control ejercido sobre su vida le parecía increíblemente duro y agotador. “Tenías que pedir permiso para todo”, recuerda, “Si querías salir con una amiga, ver la tele o escuchar la radio. Estaba realmente harta.”

El tiempo dedicado a su familia estaba muy restringido. Cuando visitaba a sus familiares tenía siempre que alojarse en el centro del Opus Dei más cercano, nunca en su casa.

En el 2000 le dijeron a Lucy que no podría asistir a la boda de su hermana por tratarse de una ceremonia no católica. “Mi hermana estuvo dos años sin hablarme” dice Lucy. Aún así pasaron 5 años más hasta que se decidió a dejar el Opus Dei en abril del año pasado. (El vicario de Opus Dei en Los Estados Unidos ha dicho que tales quejas y muestras de insatisfacción,  aunque lamentables, son inevitables en las grandes organizaciones.”No se puede evitar que (los directores) cometamos errores.”)

Lucy, que ahora tiene 39 años vive con una amiga de toda la vida en Arkansas y ha podido felizmente restablecer la relación con su familia. Ahora se recrea haciendo cosas tan simples como ver La Guerra de las Galaxias sin tener que pedir permiso. Pero su nueva vida le ha resultado difícil. No tiene ni ahorros ni un currículum que se precie. Trabaja de recepcionista y gana 6.75$ por hora. Decepcionada por su experiencia con el Opus Dei, ya no va nunca a misa.

Un reportaje de Sean Scully

Revista TIME de 24 de abril, 2006

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